"Trujillo, la capital de la cultura", "Trujillo, la capital de la Primavera", "Trujillo, la tierra de los pantorrilludos", "Trujillo, capital de la Marinera", "Trujillo y sus universidades", "Trujillo, cuna de Víctor Raúl Haya de la Torre", con algunas de estas frases siempre nos engañamos a sí mismos y a quienes nos preguntan de dónde procedemos, o sea, nos "paneamos" con algo que, en algunos casos, no somos ni nos proyectamos a serlo y, en otros, que no sirven de mucho o que son temporales.
Y es que la ciudad se ha quedado casi en un estado adormilado, embobado, taciturno, mongeando en el aspecto cultural; por el contrario, en el plano económico, las cosas avanzan a un buen ritmo y el orgullo trujillano tendría que pasar por este sector. Un buen síntoma es que hay más plazas laborales y tenemos una buena imagen como ciudad, tranquila, apacible y casi imperturbable ante lo que pueden hacer sus autoridades (aunque los apristas me harían recordar su revolución de 1932). Un pueblo que exige mucho, pero no lo trasmite a la hora de identificar a quienes puedan darle algo más que pistas y veredas. A diferencia del sur, como Arequipa, la ciudad está llena de susurros.
Veamos, aún no tenemos un Teatro Municipal presentable, no es digno de una ciudad que está hambrienta de eventos culturales. En el presente cumple 100 años de creado, pero las butacas del Mansiche parecen ser más cómodas. Uno nuevo, más amplio y moderno, debe ser una excelente carta de presentación. ¿Es mucho pedir o seguiremos anhelando sólo vías de comunicación? En Eslovaquia soñaron con un teatro moderno, pasaron casi 30 años para poder ver una función y lo lograron. Aquí parece que ni se soñara, somos una ciudad con insomnio.
Tampoco tenemos un auditorio central, donde se realicen grandes eventos empresariales. Recuerdo que para el CADE 2007 (Conferencia Anual de Ejecutivos) en Trujillo, la Upao tuvo que prestar su salón, que no es más que un amplio local techado con placas de eternit.
El Instituto Nacional de Cultura de La Libertad, con el poco presupuesto que se mantiene, atina a ser netamente un área administrativa, y no hace una buena difusión de los eventos culturales que presenta o apoya mostrando su horfandad en gestión. Sin buscar culpables, hay alianzas estratégicas que deberían haberse realizado con la Municipalidad de Trujillo y el Gobierno Regional, para darle vida a una ciudad que está lejos de ser la segunda más importante del país.
Aún vivimos recordando al inmortal vate César Vallejo, al poeta laredino José Watanabe, pero no estamos apoyando a las nuevas corrientes intelectuales. Ahí está la frustrada Feria del Libro, sólo quedaron murmuros en contra de la gestión edil y esta que responsabiliza a su organizadora Atal de Adriana Doig. Los esfuerzos privados en este sector siempre necesitarán de un aliado, por eso me pregunto si algún postulante a autoridad tiene algo en mente que nos invite a soñar con una ciudad con más vida cultural y menos encementada.
Por lo expuesto, ¿usted qué frase le pondría a nuestro Trujillo?

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