Las antiguas herejías se prolongan en el tiempo hasta crear nuevos errores. Es el caso del gnosticismo y su particular concepto sobre la libertad capaz de alterar la realidad, es decir, una libertad sin frenos, sin fronteras, superior a la realidad inmanente y trascendente. En suma, una libertad luciferina. El profesor Stefano Abbate, de la Universidad Abad Oliva CEU, ha escrito una interesante tesis doctoral titulada “La secularización de la esperanza cristiana a través de la gnosis y el ebionismo. Estudio sobre el mesianismo moderno”, en la que destaca cómo la gnosis ha actuado como un gran motor en el proceso de secularización de la esperanza cristiana. De varias formas, una antigua herejía continúa ejerciendo un efecto real en la política de nuestro tiempo. La idea de la libertad sin barreras combatida por el cristianismo primitivo ha sobrevivido durante dos mil años, asomando de cuando en cuando a lo largo de la historia y decantándose en nuestro tiempo en una nueva y poderosa ideología: la ideología de género.
En efecto, como toda ideología, la IdG aspira a promover una revolución. La consecuencia política de tal revolución radica en la construcción de un nuevo orden comunitario. No yerra el profesor Abbate cuando sostiene que “los pensadores de género pretenden crear un sistema cultural de valores que abarque todos los aspectos de la vida en sociedad […] La preocupación por el género no es solo un proyecto antropológico: es político”.
Partir de la premisa de que la libertad es capaz de violentar la realidad y crear infinitas pseudo-realidades no excluyentes es una idea poderosamente seductora. Pero falsa. Conocer las viejas herejías nos prepara para el combate ideológico de nuestro tiempo.



