Mañana 15 de noviembre del 2008, llega a la cima jubilar de los 90 años, uno de los arequipeños más ilustres del siglo XX y de los años que corren del XXI. Tirios y troyanos convienen en que Héctor Cornejo Chávez es un brillante maestro del derecho (acaso la labor que más le gusta) un político discutido y polémico como todos, un hombre que ha encendido por eso mismo, pasiones encontradas, un parlamentario extraordinario y un polemista de fuste. Fundador de la Democracia Cristiana, la larga vida que Cornejo tiene ha estado generalmente codeada con el éxito (quizá en política no tanto) pero al menos quien escribe esta columna lo ha puesto entre los hombres más lúcidos, más inteligentes y HONESTOS que debieron haberse convertido en inquilinos de Palacio de Gobierno.
Padre del Derecho de Familia en el Perú y uno de los tratadistas más brillantes del planeta en esta materia del derecho, don Héctor hoy alejado por completo de la vida pública, fue alguna vez consultor del Vaticano y tanto la cátedra universitaria cuanto el escaño parlamentario han sabido de sus dotes de maestro, de orador y de arequipeño de estirpe.
Cuenta Luis Eduardo Podestá, en magnífico artículo de la vida de Cornejo, que participó en la Revolución del 50 en Arequipa y que 5 años más tarde fundó la Democracia Cristiana. Fue secretario de Francisco Mostajo en aquella gesta revolucionaria.
Alumno y profesor del colegio San Francisco de Arequipa, y luego de la Universidad del gran Padre San Agustín, Cornejo Chávez congrega en su regia personalidad, una serie de virtudes, entre las cuales los abogados le reconocen una lógica jurídica virtualmente invencible, siendo por eso mismo y análogamente un polemista al que nadie quisiera enfrentar (o sino pregúntenselo a Luis Bedoya Reyes).
La Asamblea Constituyente de 1979 que le permitió conocer y hacer cálida amistad con Víctor Raúl Haya de la Torre, lo confirmó como un hombre de brillantes y sensibles ideas en busca de la justicia social, que con pedagógica y académica virtud, explica en su obra: La Democracia Cristiana Responde.
Casado con la dama Favetta Fava (ya fallecida) es padre de María Teresa, Cecilia y Héctor Enrique; y es hijo de Héctor Cornejo Gilt y Laura Chávez Quesada de Cornejo; es el segundo de 12 hermanos, entre ellos Alfredo Cornejo Chávez, otro arequipeño ilustre.
Don Héctor ha tenido la satisfacción, a decir del mismo Podestá, de ver en el 50 una revolución que enarboló sus banderas y trató de convertir en definiciones nacionales lo que su partido diseñó en teoría y en doctrina.
Para los arequipeños es un símbolo que buscó afanosamente la grandeza de la patria, pero asimismo el bienestar de los pobres con quienes siempre estuvo identificado. Hoy, en vísperas de su 90 natalicio, lo que más se le valora es una HONESTIDAD, que en nuestros días pareciera cosa rara porque a quien la practica como la ha practicado Cornejo a lo largo de su vida, se le considera sencillamente un tonto.
En el invierno de su existencia, es difícil imaginar una vida dinámica y constante. Más bien el reposo y la serenidad emocional tienen que ser el premio a este hombre, que en sus ratos libres ofició de carpintero pues, a decir de los suyos, fue su entretenimiento favorito. Ahora, una salud integral no es precisamente su mejor compañera.
Diputado por Arequipa, senador por Lima, constituyente por el Perú, nada lo convirtió en un hombre pretencioso, sino más bien todo lo contrario, y jamás dejó de reconocer que había nacido para la docencia, y yo le agregaría para la decencia.
Hasta para los más acérrimos rivales políticos que ha tenido, Cornejo es el más brillante parlamentario que ha dado Arequipa y de los mejores en la historia del Perú.
Cuenta ese gran periodista mollendino Bernardino Rodríguez Carpio, que en la Asamblea Constituyente del 79, Haya de la Torre, ya avanzada la noche, y agobiado por los inicios de un cáncer, preguntaba al secretario Jorge Lozada: ¿Quiénes han pedido la palabra? Lozada le daba la lista. "Dale la palabra a Cornejo que quiero escucharlo antes de irme a dormir y pon silencio en la sala".
De mí, he de decir que guardo como un tesoro una cálida carta que me escribió desde Lima el 19 de Junio de 1988, agradeciendo un artículo que le dediqué en mi columna de entonces "Según Ley" y que sus hermanos le hicieron llegar.
Ojalá el Altísimo le depare muchos años más a la espera que la gratitud de Arequipa perennice su nombre y cuánto quisiéramos disfrutar pronto leyendo sus memorias. Salud y vida doctor, perdón, Maestro Héctor Cornejo Chávez.

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