Fausto Prudenci Cuela
La Villa de Oropesa, nombre con el que fue fundada en 1571, fue para su época el segundo centro minero de importancia en el Virreinato luego de las minas de Potosí en Bolivia. Han transcurrido 438 años desde esa fecha y Huancavelica avanzó poco. Esta noble ciudad no logró progresar al ritmo de otras ciudades de fundación española que datan del mismo período como Arequipa y Trujillo.
Al platicar con su gente y con aquellos que peinan canas, evocan años de sosiego y tranquilidad de sus épocas de oro y que fueron alteradas por el terrorismo a esto se suma que la "modernidad" perturbó su ecosistema: "como extraño a mi río Ichu, con sus aguas cristalinas y testigo de mi niñez y de encuentros familiares", expresiones como esta son el pan de cada día. Los habitantes de base cuatro recuerdan a Villa Cariño, una serie de formaciones geológicas que fueron escenarios de vivencias estudiantiles y testigos silenciosos de encuentros amorosos.
Hoy es diferente, el río Ichu está contaminado con los desagües de la ciudad, Villa Cariño es un basural y refugio delincuencial, la basura está distribuido en diferentes partes de la ciudad, (salvo el centro histórico). Es cierto que existen zonas atractivas y que están medianamente conservadas como los baños termales de San Cristóbal y parte de su alameda, así como algunas arquitecturas coloniales que datan de su fundación, pero no están como debiera ser o como son conservados en otras ciudades.
Recuperar el río Ichu es más sencillo y rápido que recuperar el río Shulcas en Huancayo, su nivel de contaminación es menor y su trayecto dentro de la ciudad es corto, por lo que la construcción de una pequeña planta de tratamiento de aguas residuales sería efectiva; de igual forma ocurre con Villa Cariño, que con ingenio y verdadera vocación de servicio se puede convertir en un complejo turístico para propios y extraños. Así mismo poner en valor las edificaciones previas a la República es de gran necesidad, puesto que son verdaderas reliquias históricas.
Es hora que Federico Salas y Pedro Palomino unan esfuerzos y voluntades para brindar a su pueblo una ciudad más digna para sus habitantes, es hora que bajen de sus camionetas vuelvan a caminar por sus calles, es necesario que entiendan que la modernidad no debe perturbar el ambiente ni muncho menos pueden romper los recuerdos de algunos y los sueños de otros.

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