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Conforme avanzamos hacia la segunda vuelta, se nota claramente que ambas organizaciones políticas en contienda están sufriendo los efectos de la improvisación, en sus respectivas campañas, al mostrar con singular pompa nuevos integrantes en sus filas, demostrándonos que los cuadros con los cuales iniciaron sus pretensiones de llegar al sillón presidencial eran insuficientes para tal propósito.

Las incorporaciones, en muchos casos, se alejan de sus principios, ideales y estatutos. Total, no interesan los medios, gobierna el fin. No interesa tampoco dejar de lado a sus iniciales cuadros e incorporar a gente que se sube al carro cuando está cerca del destino. Podemos decir: ¿es la forma correcta de construir un partido? ¿Así queremos que las organizaciones políticas tengan permanencia en el tiempo? ¿O solo nos interesa llegar como sea, ya después veremos qué hacer? Esto se puede ver claramente en el Partido Nacionalista, pues al término del mandato del presidente Humala quedará en escombros y sin ninguna representación en el Congreso.

Los jales observados a través de los medios durante la última semana en muchos casos corresponden a personajes que viven del “anti”, del odio, de la rencilla, de la venganza, de la figuración, más que del propósito de fortalecer las propuestas del plan de gobierno del partido al que se unen.

Las afiliaciones deberían ser promoviendo valores dentro de sus propios partidos, incluyendo militantes que sean nuevos y que tengan el potencial y la oportunidad de escalar verticalmente dentro de la organización. No deberían rodearse de gente trajinada, prestada y que solo busca figurar y satisfacer sus apetencias personales, así como aliviar sus odios y rencores. Definitivamente, así no se hace patria.