Desde que José Aguilar iniciara el 3 de enero su gestión como Alcalde de Piura, se ha convertido en "personaje público" no porque esté realizando la obra que en la campaña electoral prometió a los piuranos, sino por los desaciertos -consecuencia de su megalomanía y/o mal asesoramiento- y su obsesión por el poder con el cual pretende convertirse en un dictador a quien nadie debe oponerse a sus dominios.

El burgomaestre piurano está transformando a su gestión en una marca de excentricidad que lo identifica con rasgos peculiares de alguien que pretende romper cualquier formalidad municipal.

José Aguilar se ha convertido en "personaje público" porque los medios de comunicación lo toman en cuenta, porque de la dimensión de la función de gobernante ha pasado a ocupar las páginas de los diarios concediendo entrevistas donde, sin mayores pruebas, pretende "justificar" delitos tales como colusión, prevaricato y abuso de autoridad.

Es tal su obsesión por el poder y su falta de entendimiento por el significado de la democracia que acusa a Diario Correo de haber orquestado una campaña de "desprestigio" contra él y su administración por haber denunciado el matutino piurano sus yerros administrativos, actos de corrupción que comprometen a algunos de sus funcionarios.

Y su virulento antiaprismo cuando se convirtió en disidente del APRA y que ahora contradice con su acercamiento al partido de la estrella, aprovechando que la asociación política fundada por Haya de la Torre gobierna nuevamente el país.

La gravedad de sus delitos ha determinado una investigación por parte de la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República, que ha encontrado indicios de actos ilícitos en su gestión, que lo colocan en una situación comprometedora.

Esto podría costarle una sanción administrativa si finalmente el poder político no interfiere en la indagación que debe realizar la Contraloría General de la República para certificar si hubo manejo doloso de los recursos del Municipio piurano.

Si el gobernante local logra superar este trance difícil en el que se encuentra envuelto, no debe olvidar que quien encarna la categoría de "personaje público" debe cuidar su imagen -en este caso de regente eficiente, sensato y autocrítico- que no regaña de la fiscalización de la prensa -lo cual es parte del ejercicio democrático y no porque le tenga animadversión- y que debe identificarse con los intereses de su pueblo que nuevamente le ha dado la oportunidad de ocupar el sillón municipal para que lo represente con altura y dignidad, trabajando ardua y honestamente por el desarrollo y progreso de Piura.