Hipócrates de Cos, aquel greco que ejerció la medicina durante el llamado siglo de Pericles, fue considerado como una de las figuras más destacadas por sus aportes en esa ciencia. Se le considera el padre de la medicina, en reconocimiento a sus importantes y duraderas contribuciones.
La obra hipocrática "Sobre el médico" recomienda que los médicos sean siempre bien aseados, honestos, tranquilos, comprensivos y serios. Desde hace siglos, el médico hipocrático es el que daba especial atención a todos los aspectos de su práctica, debía seguir especificaciones detalladas para todo: el personal, los instrumentos, el posicionamiento del paciente y las técnicas de vendaje y entablillado, en el antiguo quirófano. Debía, incluso, mantener sus uñas con una longitud precisa.
"? A cualquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos. Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro?", reza parte de el antiguo manual que otrora respetaban y alzaban como una biblia.
Pero miren lo que tenemos ahora, justamente una profesión devaluada, con denuncias diarias de falta de profesionalismo, de sentido común, pero sobre todo de humanismo. ¿ Sabrán los médicos quién fue Hipócrates? Bueno, al menos estamos contribuyendo con el primer párrafo para que al menos lo conozcan y entiendan que eligieron el camino de salvar vidas, no de acabarlas.
Los cada vez más médicos de esa corriente insensible insultan el uniforme blanco con su falta de atención, con sus equivocaciones groseras. Su crasos errores han convertido en vegetales a niños, mujeres y ancianos. Debido a la creación de facultades de medicina ambulantes, estos casos han pasado de ser recurrentes a agraviantes.
Las eternas disculpas sobre la falta de instrumental, de culpa colateral en el instrumentista, en el anestesiólogo, no subsanan la negligencia, ni la falta de profesionalismo que vemos y sufrimos todos los días. Por eso hay voces cada vez más gruesas que claman la presencia de un seguro contra la mala praxis médica; porque esos que deberían salvar, atentan contra la vida. No hay punto medio, ni reversa posible.
En Puno, y solo por la decidida acción de la prensa, hemos conocido del drama de Jean Piere, el bebé de días de nacido que fue descerebrado por la negligencia de siete galenos, que el Ministerio de Salud, la Defensoría y hasta el Poder Judicial los halló responsables... fueron sentenciados, apelaron recurriendo a la impunidad y complicidad del tiempo, consiguiendo la prescripción de sus delitos. ¿Qué les paso? Nada. Ellos hicieron tabla rasa del juramento hipocrático, convirtiéndose en hipócritas.
Luego de ríos de sangre y semejantes llantos, por fin el Congreso ha retomado la idea del Seguro contra Negligencias Médicas. Esperemos que no haya "lobbies" tratando de mediatizar esta necesidad; ya conocemos el manido argumento de que encarecería los servicios médicos; esto es una falacia, porque lo que va a obligar es a que se contrate a mejores profesionales, y que realmente hagan vivo el juramento hipocrático, antes del hipócrita silencio cómplice.

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