Keith Richards nació en 1943 con el estruendo de testigo: bombas y sirenas acompañaron su llegada al mundo, un mundo enloquecido en la más grande conflagración multinacional que ha existido hasta nuestro días y que lo recibió con la rudeza natural de la circunstancia. No podía ser de otra forma. Incluso para él.

El inglés Victor Bockris, autor de varias biografías de héroes de la cultura popular, hace una exploración hasta el inframundo de Keith Richards: un ángel caído que persigue su felicidad terrenal y que la ejerce en total plenitud en esta vida porque en la otra no hay seguridad de nada. Y la verdad tiene razón.

Cómplices eternos, mujeres trascendentales, mujeres intrascendentales, mujeres de varias noches, mujeres de una sola noche, mujeres tóxicas, mujeres para el olvido. Drogas duras, drogas más duras y la compañía de día y de noche de Jack Daniel´s. Sin embargo, por encima de todo esto el pacto sagrado con la música se mantuvo y se mantiene. Lo importante ha estado bien asumido desde el principio.

Esta publicación que recién llega a Lima en su versión en castellano y que lleva por título: Keith Richards, biografía desautorizada, dispone del testimonio de todos aquellos personajes que han rodeado y de los que todavía rodean al guitarrista de los Rolling Stones. Muchos han muerto en el camino, otros están casi muertos y existen algunos que como él todavía poseen la suerte de estar vivos más allá de haber desafiado a los límites razonables del riesgo.

Desafíos que no siempre han estado orientados a actividades autodestructivas, desafíos que se han concentrado en lo importante, que han perseguido retar a la creatividad una y otra vez durante más de cuarenta años. Un tiempo abrumador y que moviliza a pensar: ¿Cómo lo hizo?, ¿cómo lo hicieron? La respuesta no es fácil. Pero él ya ha dicho que ama lo que hace. Que en un escenario no piensa, sólo siente. Quizá todo aquello de los excesos y las leyendas que se ciernen sobre él sean tan sólo maniobras de distracción. Lo real, lo auténtico, transcurre en cada letra, en cada acorde. Que el verdadero Keith vive ahí, y que en otros lugares sólo habita ocasionalmente para oxigenarse. Nada más.