Hace un par de años la cinta Un superhéroe sin superpoderes nos llamó la atención desde su título original, Kick-Ass, que en un contexto de pelea o enfrentamiento significa literalmente "agarrar a patadas". Esa era la idea que asomaba en toda la inspirada realización del cineasta británico Matthew Vaughn.
La película, si bien seguía los moldes del reputado cómic de Mark Millar y John Romita Jr. en que se basaba, ponía de manifiesto un estilo narrativo y una estética que denotaban una agresividad ajena al Hollywood de hoy (nada que ver con el típico y desabrido producto hecho para adolescentes). Creaba así una expresión propia a partir de la combinación de ciertos géneros como la comedia juvenil, la aventura fantástica y el cine de acción.
Ahora Kick-Ass 2, la secuela, propone características similares a su predecesora, es decir, asume la hibridez de su relato -también basado en una historieta de Millar y Romita Jr.- con palpable ironía, sin tomarse demasiado en serio lo que ocurre, a pesar de la extrema violencia y hasta crueldad de varias de sus escenas. No se olvida tampoco del humor negro para bajar la tensión.
Tras eliminar al mafioso Frank D'Amico, la adolescente Mindy Macready (Chloë Grace Moretz) tratará de olvidar su heroica labor como 'Hit Girl' y concentrarse en sus estudios escolares bajo la atenta supervisión de su tutor. En cambio, Dave Lizewski (Aaron Taylor-Johnson) seguirá empecinado en continuar como paladín casero de la justicia. Por ello, Kick-Ass se unirá a un grupo de nuevos defensores del bien liderados por el implacable coronel 'Stars and Stripes' (Jim Carrey).
ANÓNIMOS Y REBELDES.Todos estos superhéroes anónimos, carentes de superpoderes efectivos pero con la rebeldía y las armas necesarias, se lanzarán a combatir el mal, representado ahora por el vengativo Chris D'Amico (Christopher Mintz-Plasse), quien de ser 'Red Mist' pasará a convertirse en el oscuro 'Motherfucker'. Así, junto a su equipo de brutales secuaces se dispondrá a vengar la muerte de su padre y aniquilar a Kick-Ass y sus amigos.
Meritorio el trabajo de Wadlow en su tercer y más ambicioso largometraje, pues aunque no alcanza el mejor equilibrio entre los géneros antes mencionados, al menos consigue que la acción y el humor despeguen rápidamente y se apoderen de la pantalla. Si el villano 'Motherfucker' resulta por momentos bastante pueril y las breves dosis de drama y romanticismo no funcionan, la reaparición de 'Hit Girl' con toda su energía y astucia a flor de piel carga la adrenalina en una antológica secuencia de persecución.
Lo mismo puede decirse del coronel 'Stars and Stripes', personaje que le permite a Jim Carrey varios minutos de auténtico lucimiento, especialmente al intervenir con suma violencia el juego de cartas de unos mafiosos asiáticos. Por si esto fuera poco, hay que ver haciendo de las suyas a la bestial asesina 'Mother Russia' (Olga Kurkulina), quien destroza patrulleros y liquida policías sin inmutarse "por 50 mil dólares más gastos".



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