El último 26 de marzo, el Ministerio de Educación ha modificado parcialmente el Diseño Curricular Nacional (DCN) de la Educación Básica Regular vigente. Remplaza competencias y capacidades por otras muy generales para casi toda la escolaridad e incorpora, centralizadamente, indicadores de desempeño muy difusos, en algunos casos por grados y en otros para uno o varios ciclos de la inicial, primaria y secundaria.

Se producen en las actuales áreas curriculares del DCN referidas a matemática, comunicación, ciencias, y ciudadanía. Esta decisión sorpresiva del Minedu es una muestra más de una política errática y confusa que en casi cuatro años no se ha podido concretar una alternativa curricular superior al DCN.

Debemos recordar que desde agosto del 2011, en la práctica, oficiosamente se dejó de lado el DCN puesto en marcha después de un amplio proceso participativo de elaboración y actualización el 2009. Se formularon tres versiones de un marco curricular, rutas de aprendizaje y mapas de progreso contraviniendo la Ley General de Educación y la descentralización curricular, con cuestionable solvencia técnica y provocando un gran desconcierto pedagógico.

Esta situación que parecía superada se profundiza, ahora aún más porque los directores y docentes de los colegios, además de usar rutas y otros documentos, como materiales de trabajo, tendrán simultáneamente que manejar las permutas y agregados curriculares, así como los conocimientos y valores que se mantienen en cada área transfigurada. Lo más grave es que las variaciones se producen después de haberse iniciado el año escolar, cuando ya están planificados los proyectos curriculares institucionales, los programas anuales y la mayoría de unidades de aprendizaje.

Todo lo señalado debiera ser materia de un profundo análisis y reflexión para que las políticas educativas, sobre todo las que estén referidas a la función profesional de los educadores y al desarrollo de los aprendizajes de nuestros niños, niñas y adolescentes, se manejen convenientemente y con sensatez.