Así como es cierto que las pasadas dos rondas del diálogo han vuelto a empoderar a Ana Jara en el ejercicio del cargo que ostenta (y eso es bueno para todos), también lo es que por mostrar “éxito” en tal proceso se han privilegiado algunos cambios normativos que son abiertamente negativos para el desarrollo de regiones y provincias (como es el impedimento de reelección de presidentes regionales y alcaldes), y entregar el liderazgo de la tan mentada reestructuración de la Dini a dos viceministros del régimen, es decir, a dos personas que lideran a entidades que pudieran ser objeto del cambio como cabeza del mismo.
Lo último es un total contrasentido. Primero porque nadie se autorreforma y segundo porque hasta ahora nadie encuentra que alguno de los integrantes del grupo encargado de la reestructuración entre en la categoría de “notables”.
Pero volviendo a los cambios al sistema electoral y político, diera la impresión que se hubiera decidido abordar las manifestaciones de la crisis del sistema de elección y de representación (lo cual por cierto es lo más fácil) antes que en las causas de la misma.
¿Qué sentido tiene, por ejemplo, discutir el financiamiento de los partidos (lo cual además de impopular es poco útil en las actuales circunstancias) sin una reforma de las propias organizaciones vía mejores control y supervisión de los procesos internos, respeto real a la democracia interna y mecanismos de transparencia? Eso, por cierto, va aparejado de subir una serie de requisitos que aseguren la existencia real de un movimiento político sino de las herramientas y atribuciones que deberían tener ONPE, Reniec y el JNE para cautelar que ello sea así.
¿Qué más mejora puede haber en el control y supervisión al representante que contar con distritos electorales mucho más pequeños que le permitan al votante saber quién es en realidad su representante, y al congresista electo saber a quiénes tendrá que rendir cuentas de lo hecho o no?
¿Acaso instaurando el voto voluntario no incentivamos a los partidos a ir en búsqueda de militantes y votos a base de un programa y una doctrina, y no por la dádiva de una bolsa de arroz, tarro de leche o el temor a la multa? ¿Que el ausentismo se incremente por tal razón hace más débil a nuestra democracia de lo que ya está?
Una vez más, estamos poniendo la carreta delante de los caballos.



