Opinión

La cobardía de Toledo

​Tiene razón la ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marisol Pérez Tello, cuando afirma que el prófugo expresidente Alejandro Toledo ha optado por el camino de la cobardía al quedarse en Estados Unidos, en lugar de volver al Perú a defenderse de las graves acusaciones de corrupción que han valido para que el Poder Judicial le dicte, aunque una de ellas bastante tarde, dos órdenes de captura en su contra.

05 de Septiembre del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

Tiene razón la ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marisol Pérez Tello, cuando afirma que el prófugo expresidente Alejandro Toledo ha optado por el camino de la cobardía al quedarse en Estados Unidos, en lugar de volver al Perú a defenderse de las graves acusaciones de corrupción que han valido para que el Poder Judicial le dicte, aunque una de ellas bastante tarde, dos órdenes de captura en su contra.

Pero el afán de Toledo por evadir a la justicia no se centra solo en su permanencia en Estados Unidos o en su disparatada “defensa” que se basa en afirmar que es víctima de “persecución política” por la “Marcha de los Cuatro Suyos” o porque se “tumbó a la dictadura”, pues el fin de semana se ha sabido que está recurriendo a leguleyadas destinadas a tumbarse a uno de los jueces que dictó orden de arresto preventivo contra él y a la Sala que rechazó una apelación en el caso Ecoteva.

Y todo esto sucede mientras Josep Maiman, el examigo que hizo de testaferro con parte del dinero sucio, ha anunciado su disposición a hablar de todo lo que sabe sobre las movidas de dinero de Toledo, el presidente que, según un exdirectivo de Odebrecht, pidió una “propina” de 36 millones de dólares, pero que se tuvo que conformar con 20 millones por darles la licitación para hacer parte de una de las carreteras interoceánicas. Una vergüenza.

Mientras Toledo esté en calidad de prófugo, los peruanos seguiremos con una sensación de frustración al ver que quien nos ha metido la mano al bolsillo anda libre en Estados Unidos y además haciendo todo lo posible por bloquear los esfuerzos que se hacen por traerlo. Sin duda es un personaje que, a juzgar por sus actitudes, nunca debió llegar a Palacio de Gobierno para ponerse la banda roja y blanca en el pecho y personificar a la Nación.

Lo único que le queda al Perú es traer a ese personaje para que sea procesado de una vez por la justicia, la cual deberá tener en cuenta el agravante de su nula disposición a ponerse a derecho. Toledo no merece la menor contemplación por haber dejado por los suelos la imagen del Perú y la institución de la Presidencia que algún día ocupó, gracias al voto de millones de peruanos que confiaron en él pese a los dudosos antecedentes que ya se conocían.

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