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Tal como sostuvo el excanciller José Antonio García Belaunde (2016): “En un mundo de creciente globalización, los hechos internacionales gravitan sobre todas las naciones, sean estas grandes, medianas o pequeñas” (p.28). Una forma eficaz de competir en esta globalización es impulsar los intereses marítimos.

Para el CEPLAN (2011), el Perú es un “país plenamente integrado al mundo por medio de tratados de libre comercio, compromisos con el sistema de las Naciones Unidas y la OEA y procesos de integración como la Comunidad Andina y UNASUR […]” (p.25).

Entre estas integraciones destacan la Alianza del Pacífico, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico-APEC y el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). Este último “es el tratado comercial más ambicioso de la historia de la humanidad” (Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, 2015, p.1).

Es así que al ser el mar una puerta abierta a las relaciones con los demás pueblos, se produce cierta peculiaridad y tendencia hacia el liberalismo y la tolerancia de quienes la promueven y practican, esto como producto del cosmopolitismo propio del comercio.

Geoffrey Till (2007) destaca las libertades que la actividad naviera produce trascendiendo al ámbito político: “Las democracias están acostumbradas al libre intercambio de información, que es medular para un intercambio comercial exitoso” (pp.45-46).

La ubicación geoestratégica en la cuenca del Pacífico que el Perú ostenta le brinda una gran oportunidad para desarrollar y consolidar su potencial marítimo. De hecho, en noviembre el Perú será nuevamente anfitrión de la APEC.

Se aprecia la importancia de contar con una estructura (física y espiritual) que mueva a la nación hacia una mirada más profunda al mar peruano y a sus espacios acuáticos continentales (ríos y lagos).

Hagamos valer nuestra condición de “Perú, País Marítimo”.