La decisión de la Municipalidad de Puno, de hacer prevalecer la Ordenanza 069-2003, que prevé limpiar, erradicar las discotecas y locales nocturnos, y echarlas fuera del radio urbano, hace que sin quererlo se instaure una anarquía.
Y es la comuna, la que en primer término ha pateado el tablero y pisoteado el ordenamiento jurídico nacional, porque las diligencias de cierre se efectuaron sin la presencia del ejecutor coactivo, ni respetando el debido proceso. La noche del viernes se cerraron todas las discotecas de la ciudad y se prohibió el ingreso con al apoyo del personal de Serenazgo e incluso de la Fiscalía de Prevención del Delito, que se convirtieron en modernos inquisidores. Pero el cierre no mandó a sus casas a los miles de jóvenes ávidos de diversión, ya que tomaron por asalto las dos cuadras del pasaje peatonal Lima, e hicieron de este un muladar, minando las calles con botellas rotas ante la ausencia de la policía y por supuesto del "Comando Azul" de Serenazgo. En suma, la cura al consumo de bebidas alcohólicas y de lugares de diversión, ha resultado peor que la enfermedad. Los propietarios de estos locales han advertido esto no solo colisiona contra las garantías del debido proceso de la ley especial y sobre todo del respeto a las normas nacionales; sino que sorprendentemente una institución supuestamente defensora de la legalidad, como es el Ministerio Público, se convirtió nada menos que en un "guachimán" más, al ordenar ? flagrante usurpación de funciones- el cierre de los locales mencionados. Entonces, si la propia fiscal de Prevención del Delito, actúa como una funcionaria municipal más, ¿quién defenderá los derechos ciudadanos? Lo peor de todo es que estos locales -sin excepción-, pasaron las rigurosas normas de Defensa Civil y encima autoridades municipales anteriores otorgaron licencias de funcionamiento que por arte de magia la presente no quiere reconocerlas. (Así hayan conseguido estos certificados con algunas "ayudas", los tienen). Es de preocuparse la actitud municipal, porque nuestro alcalde, Luis Butrón Castillo, rodeado por gente que en sus profesiones eran poco más que desempleados, ahora ensoberbecidos por el poder municipal momentáneo, le dicen al oído lo que él quiere escuchar, y no lo que la ley manda. Si bien es cierto que existe desorden en la ciudad, no se le puede atribuir génesis ni culpa a estos locales de diversión. No hay ciudad alguna que se precie de ser "turística", que no los tenga. Y no hay que confundir locales de diversión con prostitución; ni de baile con violación; y menos diversión sana con drogadicción. Pretender imponer a la fuerza costumbres monacales, es dictadura, porque todos no son medidos con la misma vara, ya que los famosos "clubes sociales" que existen en el centro de la ciudad, de un tiempo a esta parte se han convertido en bulliciosos locales de baile, sin contar con autorización para esto. Habrá que evidenciar si éstos cumplen con las mínimas condiciones de seguridad que a los otros sí se les exige. Parece de ripley, pero en Puno se trata de ahuyentar a la inversión privada, pisoteando las normas, haciendo caso a elucubraciones ideales. Ayer fueron las vendedoras de salteñas, luego el propietario de un terreno en la avenida Simón Bolívar, que sin proceso sufrió el atropello de las hordas municipales; igualmente la desposesión de terrenos en Jallihuaya sin ley de expropiación; después se sentaron en la propia norma municipal que ordena las sesiones públicas; y para acabar con la comedia: Juramentaron a un alcalde sin haberse publicado el acuerdo. La actual gestión nada y bucea en las contaminadas aguas de la ilegalidad, bajo la égida del Ministerio Público, que es inquilina de sus instalaciones en el Centro Comercial Ramis. Si al menos fuera por el orden público, nadie se quejaría, pero ahora aquellos que se divertían en los locales cerrados, hoy lo hacen en la vía pública, regando de vidrios, echando heces y orines a la luz pública, bajo el aplauso del personal municipalidad y la ausencia de la Policía, que prefiere hundirse en sus barracas, antes que hacer lo que deben. El municipio debe estar feliz con su victoria pírrica. Uno de los jóvenes que se instaló con su grupo en la intersección de los jirones Lima y Libertad, decía que la gestión edil olía igual que el pasaje Lima. Pobre ciudad del Lago, testigo insondable de las miserias de sus hijos, hoy adviertes el otro foco de contaminación, pero ya ni siquiera de sus aguas, sino de la legalidad. Nadie está libre del atropello, entonces no nos quejemos si luego se cometen actos de violencia como los que están empezando. Ya lo dice el adagio, cuando se cierran las puertas de la legalidad, se abren las de la violencia.