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Un día como hoy, hace 195 años, fue firmado en la ciudad de Lima el Acta de la Declaración de la Independencia del Perú. Este fue el momento de iure más trascendente que marcó la naturaleza jurídica de nuestra independencia de España, convirtiendo a nuestro país en Estado soberano; sin embargo, la memoria colectiva de los peruanos relieva mayoritariamente el día de la proclamación de la independencia que fue 13 días después, el 28 de julio de 1821, realizada en la Plaza Mayor de Lima y en dos plazuelas de la Ciudad Jardín. La declaración fue el acto del derecho y la proclamación, el acto político. Los dos fueron necesarios, indispensables y complementarios, donde la ausencia de cualquiera no permitía el perfeccionamiento del acto como legítimo, carácter indispensable para confirmar al Estado como sujeto del derecho internacional, es decir, con capacidad para contar derechos y deberes, y asumir responsabilidad internacional.

La impecable redacción del Acta fue obra del arequipeño Manuel Pérez de Tudela, y fue firmada en acto solemne por los vecinos y notables de Lima de aquel 15 de julio, que fue a los pocos días en que don José de San Martín había entrado en Lima y el virrey La Serna abandonado la capital hacia la sierra. Ese día, que fue histórico, en cabildo abierto convocado por el alcalde de San Isidro a pedido del Libertador, el Acta se convirtió en el instrumento formal por excelencia del nuevo Estado independiente, que afianzó su nacimiento a partir de los principios del Uti possidetis y la libre determinación de los pueblos, bases del derecho internacional para la fundación de los Estados a partir del siglo XIX. No es casual, entonces, que conforme a ley a partir de hoy, Lima y las demás ciudades del país deberán lucir embanderadas con el mayor emblema nacional.