En el habla popular se suele decir "otorongo no come otorongo" para señalar que los congresistas se encubren entre ellos cuando comenten un error, una falta o un delito. Este encubrimiento suele denominarse "blindaje". La "ética" de los "otorongos" es contraria a las normas del Código de Ética Parlamentaria del Congreso. Los "otorongos" realizan su labor sin respetar los principios de independencia, transparencia, honradez, veracidad, respeto, tolerancia, responsabilidad, democracia, bien común, integridad, objetividad y justicia que establece el mencionado código, que es parte del Reglamento del Congreso. Los "otorongos" olvidan que "se entiende por corrupción el ejercicio del poder público para obtención de un beneficio económico o de otra índole, sea para sí o a favor de un tercero".
En la introducción del Código de Ética Parlamentaria se dice que este tiene por finalidad establecer normas sobre la conducta que los congresistas de la República deben observar en el desempeño de su cargo. Pretende preservar la imagen que el Congreso debe tener ante el país y asegura la transparencia en la administración de los fondos que le son confiados. En lo que se refiere a la obligación de preservar la imagen del Congreso los resultados son catastróficos, si analizamos la cantidad y la frecuencia de las acusaciones a los "otorongos" que se presentan a la Comisión de Ética del Congreso, y los que esta asume de oficio ante hechos públicos que son de su conocimiento.
La imagen del Congreso es la peor en su historia. No se cumple la norma que establece que el mencionado código "previene las faltas contra la ética y establece los mecanismos de investigación y sanción a los legisladores que contravengan la ética parlamentaria y se valgan de sus cargos para enriquecerse o cometer actos de corrupción". En el momento en que se debe aprobar la sanción para un parlamentario corrupto, los "otorongos" votan en contra y negocian de manera indebida con otros congresistas para salvar a muchos acusados. La opinión pública viene desaprobando al Congreso desde hace muchos años. El resultado que aparece en todas las encuestas probabilísticas cada vez se acerca más al 100% de desaprobación.
Es público y notorio que los "otorongos" y los que aspiran a lograr este calificativo olvidan que "es obligación del congresista tratar a sus colegas con respeto y tolerancia, así como observar las normas de cortesía y las de disciplina parlamentaria detalladas en el Reglamento del Congreso". Muchas veces hemos observado en la televisión sesiones del pleno o de algunas comisiones que muestran la ignorancia, la prepotencia y la falta de respeto de los "otorongos". Incluso los que son sancionados por la Comisión de Ética suelen aparecer en los medios de comunicación para decir que son víctimas de una "persecución política". Los otorongos no tienen propósito de enmienda ni dolor de corazón.
Los responsables de llevar "otorongos" al Congreso son los partidos políticos y otras agrupaciones políticas que tienen inscripción nacional. La inmensa mayoría de estas agrupaciones son solo un "club de amigos" que venden la ubicación en la lista de postulantes. Dado que el voto preferencial no funciona en la mayoría de las elecciones, el precio de los curules suele aumentar de abajo hacia arriba. El primer lugar de la lista es el más buscado y el que tiene mayor precio. Esto sucede porque no se cumple la Ley de Partidos Políticos, aún cuando esta es muy complaciente en lo que se refiere a las elecciones internas en las agrupaciones políticas y los seudopartidos. En la práctica la mayoría de los postulantes son elegidos "a dedo".
Las organizaciones políticas eligen entre tres alternativas: voto universal libre, voluntario, igual, directo y secreto de los afiliados y ciudadanos no afiliados; lo mismo que el anterior, pero solo para afiliados; y elecciones a través de delegados elegidos por los órganos partidarios conforme lo dispone su estatuto. A esta última alternativa se debe agregar que en todos los casos hasta una quinta parte del total de candidatos puede ser designada directamente por el órgano del partido que disponga su propio estatuto. En la práctica, la mayoría de los postulantes son elegidos por la cúpula partidaria o por el caudillo que coloca a sus áulicos o a los que pagan más. El resultado en la mayoría de las organizaciones seudodemocráticas es la elección masiva de "otorongos". En el año 2014 ya perdimos. Salvo mejor opinión.


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