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LA GOLPISTA SE SALIÓ CON LA SUYA, columna de Iván Slocovich Pardo

Director de Correo.

Iván Slocovich

Actualizado el 08/08/2026, 07:33 a.m.

La expremier Betssy Chávez se salió con la suya y en estos momentos ya está en Ciudad de México gozando de una inmerecida libertad, al amparo del gobierno de la izquierdista Claudia Sheinbaum, que por sus distorsiones ideológicas acaba de convertir a su país en el escondite de una golpista que acá en el Perú tiene una condena en primera instancia por haber sido cómplice de Pedro Castillo en su vil intento de imponer una dictadura como las que tanto ama y defiende la mandataria norteamericana.

Al gobierno de Keiko Fujimori no le quedaba otra alternativa que darle el salvoconducto a la golpista, pues de acuerdo a la Convención de Caracas de 1954, el Perú estaba obligado a hacerlo. El gobierno transitorio de José Jerí trató de hacerla larga y el de José María Balcázar hizo lo mismo, pero en algún momento había que resolver esa situación. Es verdad que no había forma de prolongar la negativa a autorizar la salida de Chávez. Lamentable sí, que lo hayan hecho entre gallos y medianoche. ¿No querían incomodar a esta impresentable?

El que en este momento Betssy Chávez se esté burlando de todos los peruanos y de la justicia, es responsabilidad del gobierno de Sheinbaum –una gran enemiga de la democracia peruana–, pero también del Ministerio Público del Perú, esa institución tan venida a menos y muchas veces cómplice de delincuentes, que demoró en solicitar al Poder Judicial la extensión de la prisión preventiva de la golpista, lo que le permitió salir, hacerse la moribunda y luego esconderse en la Embajada de México en Lima. La hizo linda.

Lo mínimo que debería hacer el Perú ahora es pedir la extradición de Chávez para que cumpla acá con su condena. Está claro que Sheinbaum no la va a soltar, pero en algún momento esta señora tendrá que irse a su casa para dar paso a un gobierno que sí crea en la democracia y no le guste meterse en asuntos internos de otros países. Cuando eso por fin ocurra, la cómplice de Castillo tendrá que ser subida a un avión y enviada de vuelta al lugar de donde nunca debió salir.

Los aspirantes a golpistas y tiranos de todo el continente, siempre y cuando sean de izquierda y levanten el puño en nombre “del pueblo”, ya lo saben: intenten quebrar la democracia con tanques y soldados, nomás, que si fallan o no les hacen caso como sucedió con Castillo, Chávez y Aníbal Torres, puede ir corriendo a esconderse en la Embajada de México, que ese país, bajo el mando de la señora Sheinbaum, da cobijo a los destructores de la democracia.

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