Sin el dinero y el petróleo que enviaba la tiranía venezolana a Cuba para que pueda subsistir en medio de su eterna crisis integral, y con la presión que ejerce el presidente estadounidense Donald Trump para que haya “un acuerdo” entre Washington y La Habana, podría pensarse, como tantas veces en las últimas décadas, que el ansiado fin del comunismo corrupto, inepto, violador de derechos humanos y hambreador instaurado en la isla caribeña por los hermanos Castro y el “Che” Guevara en 1959, está muy cerca.
Si Estados Unidos logró en pocas horas entrar a Venezuela y extraer al cabecilla del chavismo sin sufrir una sola baja, podría pensarse que con Cuba sería factible hacerse algo por el estilo. La isla cuenta con unas fuerzas armadas diezmadas y obsoletas que poco o nada podrían hacer ante una intervención como la vista en Caracas el 3 de enero. A eso se suma que por más que la propaganda castrista diga lo contrario, la gente de a pie no va a salir a enfrentarse y a poner el pecho por Miguel Díaz Canel o Raúl Castro, sus verdugos.
Sin embargo, hay un factor que, pienso, podría frenar una intervención militar en Cuba para acabar con su pestilente dictadura, y es el apoyo que la Rusia de Vladimir Putin da la isla, su aliada histórica, su “portaaviones” natural en medio del Caribe y a pocos kilómetros de las costas estadounidenses. Ante la extracción de Maduro de Caracas, Moscú reaccionó de forma tibia, pero frente a una acción similar que tenga como objetivo la cúpula del régimen de La Habana, la cosa podría no ser igual.
Díaz Canel, el títere del castrismo, es un feroz tirano que está al frente de un país en ruinas donde gran parte del día la gente no tiene luz eléctrica, no hay comida y el mito de las bondades de la salud pública es solo eso: un gran cuento que repite la izquierda internacional, con exponentes incluso afincados cómodamente en Miami, Nueva York o Los Ángeles o países capitalistas, para justificar una dictadura eterna que tiene a millones de seres humanos sometidos a privaciones y falta de libertades.
Sospecho que Cuba seguirá languideciendo por un tiempo más, hasta que la gente en las calles diga “hasta acá nomás” y se enfrente a la dictadura para derrotarla, salvo que Washington y Moscú lleguen antes a un acuerdo para una salida consensuada a la crisis de la isla donde una barra de jabón, un cuarto de kilo de carne de res o un billete de cinco dólares pueden ser los objetos más preciados en un país donde la dignidad y los derechos humanos son pisoteados todos los días.




