El Perú no es un burdel como lo dijo Macera, el Perú es peor que eso, ya que en un burdel existen reglas y se respetan; en el Perú, por el contrario, no existen el respeto mínimo por la ley y los derechos de los demás. En medio de esa anomia generalizada, la informalidad es un virus que se ha incubado en nuestras estructuras sociales, económicas y culturales y las corroe con abierta flagrancia, sin que el Estado adopte políticas eficaces para afrontarla. El eludir y evadir la ley se ha convertido en una práctica institucionalizada por parte de los más poderosos, quienes adecuando las leyes a su medida cometen sendos abusos e injusticias con los más débiles. El modelo liberal que se funda en la desregulación y la no intervención del Estado en el mercado económico encaja perfectamente con la informalidad y el caos imperante.
Un ejemplo de lo anterior son los transportistas locales, quienes son renuentes a acatar el medio pasaje universitario establecido por Ley Nº 26271, justificándose en la aplicación del principio de la libre oferta y la demanda. ¿O son caraduras los transportistas o es que están mal asesorados? ¿En manos de qué desadaptados e inescrupulosos sujetos se encuentra el servicio de transporte urbano en la ciudad, que en forma tan cínica y desafiante pretenden desconocer el Estado de derecho y la legalidad? ¿Qué hace el Estado para frenar estos actos de subversión y abuso contra el consumidor?
Lo que sucede es que a las autoridades les faltan cojones para confrontar con los transportistas, quienes representan un buen colchón político. Les aterrorizan los paros convocados por estos gremios, y difícilmente actuarán. Que no vengan con cuentos que la dación de una Ordenanza Municipal es la solución a este problema, leyes hay de sobra y muy buenas. Es que el problema no es legal, es de voluntad y actitud política para hacer cumplir la propia ley. Si se quiere resolver el impasse ¿por qué no se dispone acciones inmediatas de fiscalización a los transportistas y se les otorga un plazo final para que publiquen sus formatos tarifarios respetando el medio pasaje? ¿Y la tecnología, por qué no se invierte en ella para el monitoreo permanente del transporte? Es allí donde la MPT debe focalizar su gasto y no despilfarrar el dinero contratando a tanto personal de sereno que al final no desempeña ninguna función eficaz en beneficio de la población.
Al comportarse los transportistas de este modo sólo se ganan el desprecio del pueblo, que ve en ellos a unos vándalos del volante carentes de todo escrúpulo pero llenos de codicia, a quienes les importa un carajo el servicio que brindan a la población y le friegan la vida a diario con su trato y costumbres matonescas. Si el Estado es indiferente o ineficiente, pues entonces el camino de la insurgencia es viable y legítimo. Universitarios, en sus manos está el hacer valer su derecho al medio pasaje.