La Semana Santa es un tiempo de reflexión, tradición y encuentro familiar. Entre esas costumbres que se han mantenido por generaciones destaca una que nos une: el consumo de pescado.
Durante estos días, muchas familias reemplazan las carnes rojas por productos del mar, una práctica arraigada en la tradición cristiana. En un país como el nuestro, con uno de los cinco mares más productivos del planeta, esta costumbre también representa una oportunidad para fortalecer hábitos de alimentación saludables y accesibles.
El bonito, por ejemplo, es uno de los protagonistas en esta Semana Santa. Es un pescado altamente nutritivo, rico en proteínas, Omega 3, vitaminas y minerales, que hoy tiene buena disponibilidad en nuestro mar. Es el más preferido por los peruanos por su calidad y precio accesible entre S/7 y S/10 el kilo en los mercados y es ideal para un buen cebiche o un sudado.
El pescado es una de las proteínas más completas. Su consumo contribuye al desarrollo cerebral, fortalece el sistema inmunológico y ayuda a prevenir enfermedades. En un contexto donde el Perú aún enfrenta desafíos como la anemia infantil, promover su consumo en la dieta diaria no es solo una recomendación nutricional, sino una prioridad de salud pública.
En el Perú se consumen alrededor de 25 kilos de pescado por persona al año según la FAO, una cifra relativamente baja si consideramos que tenemos un mar muy productivo y abundancia de recursos pesqueros.
Por eso, Semana Santa es una oportunidad para mirar al mar como parte de una tradición; pero sobre todo nos invita a diseñar alternativas para incrementar el consumo de pescado y encontrar las soluciones para que llegue a todos los rincones de nuestro país y así alimentar a millones de peruanos.