Opinión

La necesidad de creer

“Creer es, de alguna manera, amar. Es por eso que vemos a Paolo Guerrero asimilar un trance brutal”

17 de Diciembre del 2017 - 08:57 Juan Carlos Gambirazio

Creer es una forma de vivir o quizá de sobrevivir. Creer es una necesidad cuando no hacerlo nos condena a la desdicha de la verdad. Nuestro país atraviesa un momento álgido en sus cimientos, la política es el reflejo de una tendencia a la inestabilidad que ya se tornó insostenible. Padecemos ante una realidad lacerante. Y, a veces, nos gustaría creer, creer que el Presidente nos dice la verdad, aunque todo demuestre lo contrario.

Creer es una excusa para escapar de lo inminente. Vemos a Perú clasificado a Rusia 2018 y jugamos a creer en el crecimiento del fútbol peruano. Vemos que en el Congreso se cocina una ley, que podría atentar en contra de la suerte de nuestra selección de cara al Mundial -cuando menos- y decidimos creer que eso no sucederá, basándonos en la nada. Es evidente que el intervencionismo gubernamental es un peligro para cualquier entidad que dirija los destinos del fútbol nacional y esté afiliada a la FIFA. Importa poco si la ley en cuestión favorece o perjudica a la vigente directiva, la autonomía del fútbol no es una novedad y correr el riesgo de ser suspendidos o desafiliados siempre será una torpeza. Pero elegimos creer que eso está lejos de ocurrir. Eso nos calma quizá.

Creer es un requisito indispensable para no tumbar los mitos, para que nuestros héroes sigan perennes y sus hazañas nunca pierdan sustento. Creer es, de alguna manera, amar. Es por eso que vemos a Paolo Guerrero asimilar un trance brutal en un escenario impensado y le creemos todo lo que nos dice, por más absurdo que pueda sonar. Aunque las versiones lleguen una tras otra, aunque aquello de que jamás consumió cocaína solo la hayamos oído de su propia defensa, a pesar de que la hipótesis de la jarra sucia no soporte la lógica, seguiremos creyendo porque, de cierta forma también, creer es pagar una deuda y a Paolo sentimos que le debemos mucho. Le creemos porque creer en él es creer en nosotros, porque la decepción nos asusta a tal punto que la evadimos cueste lo que cueste. Seguiremos haciéndolo incluso si es que Paolo no llega al Mundial, siempre lo consideraremos una injusticia porque finalmente lo es, que Guerrero no juegue ese Mundial es una injustica, una paradoja.

Creer es un arte porque en sí no tiene explicación lógica, no se apoya en base alguna, no depende de nada más que la fe y la esperanza. Creer no es un error, pero sí un riesgo porque la caída producida por la decepción puede ser letal. No dejemos de creer, pero tampoco dejemos de ver la realidad, no creamos a ciegas, si queremos, elijamos creer aunque sepamos la verdad, pero jamás nos engañemos.

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