Que José Balcázar tenga como ministro a Ángelo Alfaro Lombardi, un denunciado por violación, no es una anécdota, es un síntoma. Un síntoma de un sistema político que lleva años normalizando lo intolerable.
Sus pares sabían quién era José Balcázar. Cuando presidía la Comisión de Educación del Congreso, afirmó que las relaciones sexuales tempranas con menores “ayudan al futuro psicológico de la mujer”, que no son perjudiciales “mientras no ocurran contra la libertad de las personas”, y se negó a votar a favor de prohibir el matrimonio entre los 14 y 18 años. Ese hombre fue elegido presidente del Congreso y, por sucesión constitucional, ahora detenta el cargo de presidente de la República. Ese hombre representa al país y ahora ha permitido que un denunciado por ultrajar a una adolescente de 16 años y dejarla embarazada llegue al Gabinete. Elegir a Balcázar como presidente y que este hiciera lo propio con Alfaro no fue un descuido: fue una declaración.
Ahora nos preguntamos, ¿qué explicación lógica puede venir desde el gobierno para justificar que un hombre de 47 años embarace a una niña de 16?
La pregunta no es retórica, es la que la mayoría del Congreso parece no querer hacerse. Ese mirar al costado, ese silencio selectivo, habla más alto que cualquier pronunciamiento. Lo que no se condena, se consiente.