No existe verdad que valga ante lo perceptible e innegable, ante una realidad No maquillada por intereses mezquinos o por autobombos demasiados sonoros que nos retumban el oído día a día ?lo que cuenta es lo que vemos y en lo que se han convertido muchas de nuestras calles huamanguinas, allí sobran palabras y cuentan realidades.
Las calles de Huamanga ya no son aquellas callecitas adornadas de ambiente ibérico y de eternos tejados como decía alguna vez el poeta Antonio Cisneros cuando ejercía una cátedra en la Universidad de Huamanga ?ya no son aquella inspiración de vates encumbrados y de intelectuales deseosos de cambios sustanciales en el país, ahora son calles ligadas diariamente al temor y el actuar impune de la delincuencia, ahora son lugares muy propicios para que el lumpen haga de las suyas en sus pistas y aceras.
No existe peor cosa que no se quiera ver ?y allí están sus casonas antaño orgullo de Huamanga ahora convertidas en decenas de departamentos con mezcla de cemento, ladrillo, calamina y aires aparentemente modernistas?allí están sus calles tratando de ocultar el oprobio de sus gobernantes, allí se alardea de tener más prostíbulos que Cusco y Cajamarca, allí se unen la cloaca y la inmundicia reflejo de la miseria humana y la mediocridad de quienes juraron administrarla con "eficacias" más falsas que el cuentazo de pseudos gobiernos "sin corrupción"?allí están sus bares, chinganas y cantinas de mala muerte que han suplido el lado decente de su gente hace mucho tiempo.
Los espejos de una realidad jamás se podrán comparar a la bulla de quienes se jactan de cientos de obras cuando nuestras calles siguen siendo tierra de nadie, cuando el polvo, humos contaminantes, asaltos a mano armada, basura por doquier, desorden vehicular y demás joyas de la indecencia han sumido las calles de Huamanga en una terrible e imperdonable apatía que constantemente mella el sentir de su gente ?cuando muchos de sus hijos ignoran (o prefieren ignorar) el terrible cambio de transformación que viene sucediendo en cada arteria huamanguina?¿qué diría ahora Antonio Cisneros al ver las calles de Huamanga?...
Alguien decía también que las ironías son buenas para incrementar sentidos comparativos y obviamente desarrollistas, lo paradójico resulta muchas veces un aliciente al optimismo y sentido de cambio verdadero. Lo que nos estaría faltando en Huamanga es susceptible a la decisión de sus gobernantes y de cada uno de sus hijos...para qué? Para poder revertir sentidos negativos y opuestos al verdadero impulso y avance que tanta falta hace a la vieja ciudad de San Juan de la Frontera que alguna vez naciera como Villa, sobre una población indígena, y en el lugar donde hoy está ubicado el pueblo de Huamanguilla.

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