Al cierre de este editorial, la cifra de fallecidos por los dos terremotos que asolaron Venezuela estaba a punto de superar el millar y la magnitud de la tragedia hace que, nuevamente, nos preguntemos ¿qué está haciendo el Perú en materia de prevención?
Los terremotos no se predicen, pero podemos estar mejor preparados para la eventualidad y más si consideramos que desde hace años, el director del Instituto Geofísico del Perú, Hernando Tavera, y otros especialistas en la materia, nos vienen advirtiendo que se espera que la costa peruana, con especial énfasis en Lima, sufra un terremoto de magnitud superior a 8.
La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo. Pese a las advertencias de expertos y de la realidad, la autoconstrucción es la norma en todo el Perú y, según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), cerca de 7 millones de limeños están en condiciones de muy alto grado de exposición sísmica, y otros 2 millones en alto grado de exposición. Es decir casi toda la capital está en riesgo.
Las comparaciones son odiosas, pero los espejos son necesarios. Que la tragedia en Venezuela sea el impulso necesario para que el próximo gobierno saque los planes de prevención del papel y los ponga en práctica. Si esto no ocurre, contaremos más muertos que en Venezuela.