Las manchas en el Sol brillaron por su ausencia entre 1790 y 1830, un periodo conocido como Mínimo de Dalton en honor a John Dalton, meteorólogo y científico inglés que daría también nombre al daltonismo. Esta actividad solar no fue tan baja como lo había sido durante el Mínimo de Maunder, entre 1645 a 1715. Ambas coinciden con épocas muy frías sobre la Tierra.
Entre 1075 al 1240, las manchas solares se incrementaron, llegando a llamarse Máximo Solar Medieval, que coincide con el periodo cálido y apogeo en la Edad Media. En esos años cálidos en nuestro país se desarrolló el auge de las culturas Chimú, Huanca y el inicio del Imperio Inca.
Está claro que durante los ciclos mínimos solares, la menor radiación solar contribuyó a bajar las temperaturas en el planeta y al lento desarrollo de la humanidad.
Por sí solo, el aumento de la radiación proveniente del Sol podría explicar un porcentaje significativo del incremento de la temperatura global. Así que hay que buscar otras causas para lo restante.
En 1755 comenzó el registro sistemático de la actividad de manchas solares y el ciclo solar actual. El Ciclo 24 se está debilitando y el incremento de manchas solares en el Ciclo 25 será lento hasta el 2024.
El problema no está en comprobar si el calentamiento global es antropogénico o cíclico, o en todo caso mixto, dejando la verdadera razón como secundaria. Esta es la población desordenada.
Los fenómenos climáticos son exponencialmente menores al crecimiento poblacional y, con nuestro desordenado progreso, los que lograron mayor desarrollo utilizando mal la naturaleza usan la comunicación globalizada para hacer creer que todos somos los culpables y que ellos van a cuidar la parte que queda.
Quizás, por eso no quieren que la vigilemos para nosotros protegerla.


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