¿Alguien cuestionaría el derecho de pedir los antecedentes policiales, judiciales y los certificados de buena salud para el empleado que trabajará en su casa, con su familia, o en su trabajo con el resto de empleados?
Nadie en su sano juicio metería a su casa o a su empresa a un sujeto con un prontuario que lo describe como protagonista de varios asaltos. Como tampoco expondría a su familia a una enfermedad contagiosa porque se le olvidó verificar el estado de salud del empleado. Menos le confiaría el cuidado y manejo de sus bienes.
Pues los candidatos a la Alcaldía y al Gobierno Regional son aspirantes a ser empleados nuestros, quieren que los contratemos para administrar el dinero que sale de nuestros bolsillos, a través de los impuestos y arbitrios. Para eso, en estos días, están (deberían estarlo) abocados a mostrarnos su currículum vitae, a hablarnos y convencernos de que son mejor que el otro, para ganarse el puesto.
Sin embargo, la semana que termina, algunos hechos deberían habernos puesto los pelos de punta. Primero fue el intercambio de groserías e insultos en un debate radial, seguido de la pateada del tablero en el convocado Pacto Ético y, finalmente, inducir a una incursión en la imprenta que publica una revista, que por un pelo le podría haber costado la cabeza al jefe del Jurado Electoral.
Esto no es muy diferente de la forma cómo se inician y cómo terminan las disputas entre pandilleros, lo que nos podría llevar a la desgraciada conclusión de que la política y la corrupción le han abierto las puertas a las pirañas, esas criaturas que están al acecho de ciudadanos distraídos, para embaucarlos y despojarles de lo que se dejen robar.
No compartimos la idea de tener que decirle a nuestros lectores a quién deben elegir, porque no subestimamos la capacidad de juicio crítico de los ciudadanos. No tenemos candidato propio, no promocionamos, auspiciamos ni financiamos a movimiento político alguno. No es ese nuestro papel como medio de comunicación. Sin embargo, sí estamos convencidos de que es un deber informativo darle a conocer los antecedentes, el pasado y la línea de conducta de los aspirantes porque, no pudiendo predecir el futuro, es lo único que puede aproximarnos a él.
Mientras sean hechos reales y comprobables, los únicos que podrán decir que se trata de "guerra sucia" son aquellos a los que ignorar el pasado les conviene. Silenciar la historia de un candidato es una forma de engañar al electorado. Es igual que si Ud., contrata como empleado de su casa a un ex convicto -que naturalmente para conseguir trabajo no le dirá que lo es- y además Ud., negligentemente, no investiga su historia y que, más tarde, termina haciendo lo que sabe hacer, robándole.

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