Cuenta la historia que las famosas "Rabonas", bondadosas mujeres que acompañaban a los indios-soldados de Cáceres durante la invasión de los chilenos, no solo llevaban alimentos, vituallas de guerra y hasta aguardiente para curar las heridas, sino también, amor, sexo y belleza. Las Rabonas eran mujeres con barbas, valientes y de vez en cuando, cariñosas a fin de que sus maridos, esposos o amantes lo que sean, no combatan ?aguantados?. Esta barbaridad tiene otro significado y admitimos el craso error.
En la batalla, las Rabonas eran las cocineras, enfermeras, curanderas, enterradoras, recolectoras de leña y víveres y cuando era necesario, cargaban también a la bayoneta como lo investigaron el Ing. Julio Escobar Aguirre y el Grl. EP(r) Germán Parra Herrera. Las Panaycunas (hermanas) o Rabonas combatieron junto a sus hombres, a los invasores chilenos no como una mezcla de ?prostituta nativa? ni como rabo a los ejércitos en marcha para la satisfacción sexual de los soldados, sino por cariño a la Patria. Raro, muy raro ahora, ¿no?
Rabona, el término, es una expresión popular que ni siquiera llega a ser un adjetivo pero lo ameritan como ?femenino? y como un americanismo de una Mujer que suele acompañar a los soldados en las marchas y en campaña. El hecho vino desde las guerras por la Independencia, pasando por las luchas caudillescas, hasta la Guerra del Pacífico. Forma parte del léxico peruano así como nuestro carajo, nuestra chirimoya o el viejo pisco ?Vargas?. Es identidad. Así como hay un monumento al soldado desconocido, ¿hay algún monumento o algo similar por la "Rabona Desconocida"?
Pero sigamos con las Panaycunas o Rabonas. Dicen que los chilenos como copiones que siempre fueron, en 1882 y en plena Resistencia en la Breña (Ayacucho), el líder ?Taita? Cáceres supo que en adhesión a su causa cientos y miles de Rabonas se estaban plegando a sus huestes del Mantaro pero agredidas por los invasores chilenos. Por ello, envió a Lima al Gral. Lynch una comunicación que decía: "?vosotros están atentando contra la vida de madres, hermanas y compañeras al haber ordenado que las indias que suban por las breñas sean fusiladas". Fdo. Andrés A. Cáceres.
Las Rabonas hicieron su propia historia. Lo mejor de las Rabonas es que nunca tuvieron nombres ni apellidos propios y fueron siempre indígenas de honor. Mariano Melgar es el depositario en sus crónicas y sonetos de la conducta peruana de las Rabonas como una auténtica cultura social. En el distrito Huaynacotas de la provincia de La Unión (Arequipa), se conmemora cada año a Santa Rosa como Patrona de las Rabonas. En Ayacucho, las pausinas cantan y juegan al amor en Páucar del Sara Sara. En Ancash se sigue sangrando en la Cordillera Negra. En fin, las Rabonas continuarán para ser milenarias por la Patria que ya las reconoce y admite. ___ Fin.

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