Eduardo Valentín
El parque es uno de los puntos de partida del urbanismo moderno y surge con una carga ideológica contra la ciudad tradicional. Los parques urbanos muestran una nueva forma de vivir la ciudad. En ellos se asume la naturaleza, a la que se le ha otorgado la capacidad redentora y embellecedora, y también en ellos se encuentran espacios dedicados a actividades de ocio bioético como la escultura, la música, la pintura, el teatro, etc. Así, los parques se convierten en centros de relación social donde los ciudadanos van a observar, a conversar, a relajarse de las tensiones de la agitación del comercio o la industria: son espacios que entretejen la vida urbana y que nos explican de la cultura bioética en las que surgen. Familias y grupos de amigos que usan el lugar para el encuentro y el esparcimiento, en ése lugar conviven armónicamente los ciudadanos, la cultura y el paisaje, trasformándose en un símbolo de ciudad o del mal gusto (huachafo) de sus alcaldes y sus arquitectos.
El resultado de esta concepción etnocéntrica y de un localismo huachafo la sufre hoy toda la ciudadanía que debe pagar tributos para su inversión en obras intrascendentes que el siguiente alcalde "remodelará". En definitiva hemos construido a lo largo de los años una ciudad sin personalidad urbanística y con escasos espacios de coherencia estética. Lo peor es que estas autoridades (arrogantes ante la crítica), como buenos ignaros que son en estos temas, no entienden que asumir la crítica y los errores es la mejor autoformación política del gobernante. En este sentido, es muy necesario tener en cuenta la formación adecuada de un alcalde para superar la falta de profesionalidad, de ausencia de una visión integral de Municipio, de una concepción de urbanismo con fundamento socio espacial, y la carencia de un proyecto de ciudad, que responda al fundamento político de desarrollo integral, a corto, mediano y largo plazo, con su respectiva apreciación o evaluación. Estas carencias se reflejan, como viejos comportamientos de una cultura del estereotipo, en viejos clichés que implican a la vez banalidad y desorden que serán aún el contexto para esta "nueva" arquitectura de parques, donde los torreones, los mates y los porongos son la expresión de una especie de estética kitch o de la huachafería, que se junta a la improvisación y las obras superficiales que se ejecutan a última hora, intentando dar una imagen de gestión. El decorar la ciudad es un obra que por supuesto se debe hacer, pero dentro de una adecuada concepción estética urbana y que gire en torno a una planificación integral, donde el centro más importante no sea el mal gusto personal y sino el ser humano y su bioética colectiva, que implica tener parques y áreas verdes para que la ciudadanía disponga de lugares de recreación.
Lo huachafo es una palabra que no tiene equivalente en ningún otro idioma. Hay quienes opinan que es un sinónimo de kitsch, pero espero poder convencer de que aunque sean primos hermanos, el huachafo y el kitsch son categorías distintas, porque la huachafería es una visión del mundo a la vez que una estética, una manera de sentir, pensar, gozar, expresarse y juzgar a los demás desde una confusa, fragmentada y contradictoria posición insulsa.

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