El país está de luto por la muerte de 18 peruanos en Puno. Son 17 civiles y un policía que fue quemado mientras cumplía su labor. Estos decesos tienen que ser investigados por el Ministerio Público, pero no solo a nivel de autores materiales. También se debería sancionar a quienes incluso desde antes de la caída de Pedro Castillo, han venido azuzando la violencia para lograr a través de ella lo que no han podido conseguir con respaldo en las urnas.

Recordemos los llamados Consejos de Ministros Descentralizados en que los golpistas Castillo y Aníbal Torres promovían el resentimiento y el odio entre los peruanos. No aportaron solución alguna al evidente abandono y las precarias condiciones de vida de millones de compatriotas. Solo recorrieron el país para sembrar la violencia y la intransigencia que hoy cosechan, uno desde la cárcel y el otro desde su falsa incapacidad para estar en un penal común.

También están los cínicos congresistas de izquierda. Son lo que ahora se aguantan las risas para aparecer ante cámaras “sufriendo” por la sangre derramada y por la violencia, cuando son los primeros en alabar e irse a tomar fotos al lado de sátrapas de la región como Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Dicen que el actual gobierno es una “dictadura” y que “persigue al pueblo”, pero defienden a las tiranías impresentables y asesinas.

Son los que llaman “luchadores sociales” no a quienes protestan de forma pacífica en justo reclamo de sus derechos, sino a los que queman locales públicos y privados, toman carreteras y causan la muerte de inocentes, atacan a militares y policías, saquean locales comerciales y agarran a golpes a jóvenes reporteros de prensa que salen a hacer su trabajo. Estos son delincuentes y merecen estar en la cárcel, acá y en cualquier parte del mundo.

Es inaceptable que estos personajes que azuzan a través de los medios y las redes sociales, sigan actuando con total impunidad mientras a su paso van quedando decenas de muertos que luego dicen lamentar, y que en verdad utilizan en su afán por “agudizar las contradicciones”. La justicia tiene que actuar, así como los ciudadanos de a pie, que deberían expresar, siempre dentro de la democracia, su repudio a esta clase de elementos.

Es inaceptable que estos personajes que azuzan a través de los medios y las redes sociales