En el Perú tenemos miles de trabajadores de la construcción civil que son el motor del crecimiento de este sector que trae dinamismo a la economía nacional y en especial a la del norte peruano, donde vemos que se levantan casas, centros comerciales y terminales. Además, en breve se iniciará la construcción de la autopista que irá de Pativilca a Chiclayo, previo paso por Chimbote y Trujillo.
Sin embargo, no logra solucionarse el tema de la gente de mal vivir que permanece enquistada en este importante gremio. El jueves último en Chimbote hubo balazos y detenidos en un pleito por cupos de trabajo en las obras de un centro comercial. Ese mismo día, en Chiclayo, el hermano de un conocido delincuente, que también estaba requisitoriado, fue detenido dentro de una obra.
Los primeros interesados en depurar a estos malos elementos que suelen provocar grescas, balaceras y roturas de cabeza, y que suelen extorsionar a constructores para que les den trabajo en sus obras, deberían ser los propios obreros, esos que todos los días salen a laborar por ellos y sus familias, y no a delinquir como aquellos que han malogrado la imagen de estos trabajadores tan importantes para el país.
El gremio de construcción civil ha sido infiltrado por muchos ex reclusos y gente con antecedentes judiciales que no hace otra cosa que extorsionar con el cuento de que ofrecen "seguridad" a las obras. Claro, si nos les pagan por sus "servicios", las constructoras o sus ingenieros pueden sufrir las consecuencias de manos de estas personas que andan armadas.
En Lima, la Policía Nacional ha creado una unidad especializada en luchar contra este problema, y para eso cuenta con el apoyo de empresas constructoras y de los sindicatos de obreros que ya están marcando distancia de los malos elementos.
Esta iniciativa debería ser ampliada a esa zona del país, donde el crecimiento inmobiliario es evidente y podría generar la proliferación de estas mafias.
Por ejemplo, en Trujillo se vienen los trabajos del museo de Chan Chan, más tiendas como la que se acaba de inaugurar en el Óvalo Papal y obras de último minuto a cargo de gestiones ediles que buscan la reelección. Entonces, si vemos la expectante situación del sector construcción en Trujillo, Chiclayo y Chimbote, notamos que hace falta un mayor control por parte de las autoridades.
El Perú requiere de trabajadores de la construcción civil, pero de los buenos, de los honestos. No de aquellos que se infiltran en el gremio para delinquir y obtener dinero bajo amenazas. Los puestos de trabajo no se obtienen por la fuerza, sino de acuerdo a las normas que fijan cuotas para empleados de determinadas zona y a la libertad de cada empleador para contratar a quien mejor le parezca.

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