Tacna, sin contar a Lima, es una de las tres ciudades con mayor número de inmigrantes italianos en el Perú. A propósito, el 2 de junio se ha celebrado el Día Nacional de Italia, recordando un aniversario más de la instauración de la república italiana.
En Tacna los inmigrantes italianos, y sus descendientes, han tenido y tienen un lugar preponderante en la economía, en la cocina, en la historia, en la literatura.
Luis Banchero Rossi fue un tacneño, hijo de italianos, que llevó al Perú al primer lugar de la pesca mundial y fundó, entre otras empresas, la cadena de diarios CORREO. Luis Cavagnaro es, qué duda cabe, el historiador de Tacna, autor además de las Estampas Tacneñas, una revista costumbrista de gran valor artístico. Francisco Lombardi, cineasta que brilla con luz propia en el cine no solamente nacional. Giovanna Pollarolo y su hermana María Teresa, son poetas. Giovanna, ganadora de premios nacionales y, sin lugar a dudas, la más grande poeta tacneña del siglo XX, además de cuentista y guionista de cine. Otros descendientes de italianos que destacan son Martín Parodi, poeta; José Giglio, autor de teatro e investigador; Patricio Conti, hombre de radio y televisión, desaparecido prematuramente, que dejó sentidas crónicas. Ni hablar del caso único, en Tacna, de dos hermanos, ambos ministros de Estado, Verónica y Fernando Zavala Lombardi. Y no me puedo olvidar de mi caro amigo Güido Lombardi o del destacado economista Gianfranco Castagnola.
Ni qué hablar de las bodegas tacneñas, todas ellas fundadas por italianos: Cuneo, Bacigalupo, Barthesagui, Guianelli. Ahora, en la fabricación del pisco, todos reconocemos la calidad de los piscos de las firmas Chiarella y Cuneo.
Fueron los italianos quienes trajeron a Tacna el panetón genovés, que todavía lo fabrican en la Panadería Rochetti. Italianos fueron los fundadores de las heladerías Italia, Roma y Venecia.
Cómo no recordar los grandes almacenes Canepa y De Ferrari que, prácticamente, se dividían la ciudad en dos. Unos distribuyendo los automóviles Chevrolet y los otros Ford. Esas firmas eran propietarias de barracas y de grifos, además de introducir en el mercado lo último que producían las fábricas de ultramar. A esos almacenes hay que sumarles los de Pescetto, Bollo, Waldemar Rossi, entre otros.
El viejo italiano Raiteri era propietario de un hotel que estaba ubicado donde hoy se ha levantado el Hotel Tacna. En su tiempo fue un hotel de lujo, con baños calientes. Toda una novedad. Sin duda, el pionero de los restaurantes en el campo, con nivel internacional, es el Rancho San Antonio, propiedad de la familia Chiarella.
El sabor de lo íntimo, de lo cariñoso, de lo familiar, estaba en los despachos de los italianos. El primer despacho que se me viene a la memoria es el mi padrino Francisco "Queco" Basili. El de la madama Giovo, en la esquina de Bolognesi y Junín. El de la madama Lombardi, "detrás de la Recova", o el de Alessandro Lombardi, al final de la calle Arias y Aragüez, que vendía productos "para llevar a la sierra". Por ahí estaba el "tambo" de Domingo Giglio, donde los tacneños iban a buscar muchachas para las tareas "domésticas". El "tambo" era un gran espacio de tierra, rodeado de cuartitos.
Los italianos nos enseñaron a comer pastas. Ravioles, tallarines, rojos o verdes, polenta, menestrone, ñoquis, el "zapallito italiano", en fin, toda una variedad de platos que enriquecieron la mesa popular tacneña. Uno de los primeros restaurantes, atendido por un italiano, fue el de Sanatta, un tano gordo, alto, con bigotes, muy afectuoso y ocurrente, a quien muchos recuerdan por sus desencuentros con el hermano Jaime, que fue uno de los pioneros de las nuevas iglesias que se enriquecen con la fe de los cofrades que pican el anzuelo.
Si se trata de deportistas, el emblemático es mi carísimo amico Rubén "Chiqui" Chiarella Lombardi, que practicó varias disciplinas, incluido el box, a espaldas de su buen padre, don Rubén, un caballero al que los tacneños recordamos con afecto. En mi adolescencia conocí a un viejo futbolista, el "gringo" Rossi, que vivía detrás de "la Recova". Ese gringo viejo había sido uno de los mejores futbolistas tacneños. Cuando lo conocí, decían que fumaba tres cajetillas de cigarros al día.
Las bellas descendientes de italianos son una leyenda. Una de ellas, bellísima, Olga Banchero, hermana de Luis Banchero, fue reina del carnaval en 1945. Hoy, la reina de Tacna, Miss Tacna, como se dice, es María José Chiarella, y nos representará en el concurso nacional de belleza.
Con los inmigrantes puneños, la informalidad, el contrabando a discreción, las grandes firmas de los italianos quebraron. Algunos persisten, como quien dice, para no dar su brazo a torcer, luchando con la competencia. Ahí están en pie la firma Rimassa Gnecco, Canepa, reducida a un solo rubro, las ferreterías Parodi y Bollo. Pero los hijos y los nietos se abren paso en otras líneas. El café Da Vinci, el Bocatto, Castellino, las carnes, en la Cava del Parrillero y Mar Adentro, donde reinan los mariscos y pescados, son unos ejemplos que nos llenan de legítimo orgullo. Mientras tanto, los Cuneo y los Chiarella ganan medallas para sus piscos.
Cuánta historia, inacabable. Cuántos nombres escapan a mi frágil memoria. Pero no puedo menos que unir este recuerdo al recuerdo de mi dulce infancia querido por algunas buenas "madamas", correteando bajo las parras en la bodega La Cicagnina. Tacna, como hemos visto en esta relación, a vuelo de pájaro, debe mucho a los inmigrantes que otrora llegaron de la bella Italia para quedarse. ¡Salud, por ellos!