En estos días futboleros, es bueno recordar a un personaje que pasa desapercibido si tiene la buena suerte de hacer bien su oficio. Ese es el árbitro y así vive feliz. ¿Qué raro no? Creo que es la única profesión en la que sucede eso. En otras profesiones cuando tienes un logro todos te aclaman, y si eso no sucede el profesional mismo busca reconocimiento.
En un estadio, la mamá del árbitro es la más recordada y no por su cumpleaños o por el día de la madre. Sola y simplemente la mientan porque su hijo ha marcado una falta en contra de su equipo preferido. Haya o no razón la mentada viene grupal y sonora, de por al menos el 50% de asistentes, hinchas del equipo sancionado ¿Serán masoquistas estos jueces?
Pero lo que más enerva a las tribunas, lo que ayuda a ese huaico de arrequintadas para el árbitro, son las poses del jugador que cometió la falta: si la bola pasó y por supuesto el contendor está en el suelo retorciéndose de dolor, y no pasó. El infractor automáticamente, se agacha y señala con las dos manos el curso de la pelota, eso significa "yo no toqué al jugador, solo fui a la pelota" a pesar de que su contrincante mana sangre en el suelo.
Es más, al escuchar el pitazo del árbitro, el guadañero eleva los brazos al cielo como diciendo "Dios mío, soy inocente de la sangre derramada" Por supuesto que el otro 50% del estadio aplaude ese fallo indiscutible.
Bueno, si la falta que cobró el soplapitos es en el área, hay serios problemas. Todos los jugadores del equipo castigado se arremolinan alrededor del futuro crucificado. Algunos hasta lo pechan, sus reclamos son airados y con brazos abiertos. Se ha preguntado usted, alguna vez, que cosa podrán alegar estos reclamantes.
Yo me imagino algunas justificaciones: fue sin querer, se tiró a la piscina, le salió sangre no por el codazo sino que se golpeo contra el suelo, como vino corriendo las leyes de la energía cinética provocaron el choque (Esto lo dudo, porque presumo que ningún futbolista o árbitro las conozca).
En resumen, los fallos del árbitro hacen felices a unos y desgracian o fatalizan a los otros (¡Que fatalidad haber tenido un árbitro así! Escuche decir a un hincha) De una o de otra forma la que paga pato es la madre del árbitro. ¿Qué culpa puede tener esa pobre señora que, posiblemente a esa hora, esta tomando apaciblemente el te con sus amigas? Arbitro podría ser un robot o niño probeta, pues sin madre no hay mentadas. Siendo ese el caso, el fútbol perdería su mayor atractivo.

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