La sangre llegó antes de la fiesta a Chumbivilcas (Cusco), cuando un ómnibus se despistó y dejó 42 muertos y una veintena de heridos.
¿Pero cómo es que hay sangre en una fiesta?
En Chumbivilcas es tradicional la fiesta del takanakuy, donde hombres, mujeres, jóvenes, adolescentes y hasta niños se desafían para pelear a puño limpio y, como suele suceder, hay ganadores y perdedores; los perdedores a menudo salen bañados de sangre, incluso con algunas fracturas.
A más sangre... un mejor año y más alegría.
Es una costumbre típica y tradicional, luego de la pelea todos son amigos y bailan al compás de las huaylías (una variedad del huayno), que tienen inicio pero es difícil definir su final por lo extenso, alegre y cantado.
Los ccorilazos (lazos de oro), como suelen llamarse, son rudos para afrontar la vida dura de las alturas, son buenos jinetes y cualquier divergencia se arregla con un duelo antes que con la justicia, incluso hay comunidades vecinas que temen su belicismo y esa rara afición de ver correr sangre.
Toda esta valentía se desvaneció la madrugada del jueves 24, vísperas de Navidad, cuando el bus de "Guapo Lindo", excesivamente cargado de pasajeros, volcó y dio varias vueltas de campana regando muerte y varios heridos en su caída.
La rudeza se convirtió en lágrimas, cuando los ccorilazos tuvieron que rescatar a sus familias de la colina de Chirirollo (Velille, Chumbivilcas), peor aún cuando se tuvo que ayudar a los heridos. Los pocos sobrevivientes fueron llevados a Santoto (Santo Tomás), el destino final que debió tener el bus.
La muerte cambió todo.
Las peleas pactadas para el takanakuy quedaron postergadas, el alferado de la fiesta, Modesto Chacahuana, sobrevivió, no así su esposa, Clotilde Salas, tampoco su hijito Rony (8). Las huaylías que se habían ensayado estaban en silencio.
Este accidente desnuda una vez más la falta de una Política de Transporte en el Perú.
Sino veamos que cada región o municipio hace lo que puede en la política de transporte urbano; el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, a cargo del transporte interregional o nacional, tampoco tiene definiciones.
El plan Tolerancia Cero es un paliativo y sólo se aplica en la Panamericana y en algunos tramos, pero que no tiene un resultado eficiente.
En la sierra no hay Tolerancia Cero, allí se continúa viajando en antiguos buses y en camiones, como carga... algunos se sorprenden de que sea así, pero no hay alternativas, cuando hay pobreza el miedo no existe hasta cuando la desgracia se hace presente.
Por cada infortunio las autoridades buscan un culpable, una cabeza de turco, por qué mejor no diseñan una política de transporte de la mano con la educación vial; así por lo menos en 20 años dejaremos de lamentarnos de la mala suerte, de las máquinas viejas, de las carreteras en mal estado, de los choferes irresponsables, de empresas fantasmas y de pasajeros que en cada viaje, literalmente, viajan con la muerte.

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