Juan Manuel de los Reyes Gonzales de Prada y Álvarez de Ulloa, más conocido como Manuel González Prada, era un aristócrata que devino en un anarquista. Sus despiadadas críticas sociales y políticas lo hicieron famoso en su época. Defendió todas las libertades; pero, posiblemente sin que esa fuera su intención, atacó los derechos humanos de los viejos. La frase más recordada que se le atribuye es: “Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra”. Esta frase hay que entenderla en el contexto de un célebre discurso, leído por él o por otro, en el Ateneo de Lima, pero el texto en sí mismo es infeliz y reaccionario. Si él lo escribió o lo leyó o le encargó a otro que lo lea, fue un insulto a los viejos anarcosindicalistas de esos tiempos. En relación a una defensa progresista de la vejez, Correo publicó una entrevista el 22-09-2015, cuyo primer párrafo es el siguiente: “En una reciente publicación denominada ‘La vejez y envejecimiento’, un trabajo realizado en 8 distritos de Lima y Callao, Óscar Bravo Castillo, investigador externo de la Escuela de Psicología de la Universidad de San Martín de Porres, revela los principales mitos y estereotipos en torno al adulto mayor. También destaca la importancia de comprender que el envejecimiento no es una etapa perversa ni negativa de la vida”. En el libro antes citado, publicado por el Fondo Editorial de la misma Universidad, el autor señala lo siguiente: “El incremento de la población adulta mayor es una realidad que viene presentándose en el Perú de manera acelerada en las tres últimas décadas, convirtiéndose en un desafío y en una oportunidad para profundizar el establecimiento de políticas públicas y programas que contribuyan a que el envejecimiento sea activo, exitoso y digno, reconociendo al adulto mayor como sujeto de derecho y ciudadano de primera categoría”. En la citada entrevista en Correo, Óscar Bravo Castillo explica que uno de los resultados de su estudio establece que hay tres grandes mitos en relación al envejecimiento, los cuales se transmiten a través de las generaciones. El primer mito se refiere a que los adultos mayores se vuelven como niños, el segundo mito es el que afirma que la vejez es un estado de ánimo y el tercero asume que la vejez es la etapa de las pérdidas y el deterioro. Es importante destacar que en el primer capítulo de su libro el autor señala que los adultos mayores son personas de 60 a más años. Esto puede parecer extraño porque personas de esa edad suelen manejar el mundo. El autor explica en su libro que en el Perú se considera persona adulta mayor independiente o autovalente a aquella capaz de realizar por si misma actividades básicas de la vida diaria: comer, vestirse, desplazarse, asearse, bañarse; así como también las actividades cotidianas instrumentales: cocinar, limpiar la casa, comprar, lavar, planchar, usar el teléfono, manejar su medicación, administrar su economía con plena autonomía mental. El Ministerio de Salud consideraba en el año 2005 que el 65% de la población adulta mayor estaba comprendida en este rubro. Es obvio que muchos de los adultos independientes trabajan o dirigen en sus actividades profesionales. Se considera persona adulta mayor frágil a aquella que tiene alguna limitación que le impide realizar todas las actividades básicas de la vida diaria, requiriendo eventualmente algún tipo de ayuda. El Minsa consideraba en el año 2005 que el 30% de la población adulta mayor estaría en esa condición. Finalmente, se considera persona adulta mayor postrada a aquella que requiere apoyo permanente de otra u otras personas para lo que pudiera necesitar. Tiene problemas severos de salud funcional y mental. En
el año 2005 se consideraba que de 3% a 5% de los adultos mayores estarían en esa condición. La diferencia de edades a partir de los 60 años y las distintas condiciones de las personas adultas mayores hacen evidente que el envejecimiento tiene que ser enfrentado de diversas maneras. La Constitución se refiere a la protección del anciano en situación de abandono, la Declaración Universal de los Derechos Humanos se refiere a la vejez y la Organización Internacional del Trabajo considera la vejez y al envejecimiento. Asumo que si Manuel González Prada viviera, estaría de acuerdo con la frase: “Los jóvenes a la obra, considerando el apoyo de los viejos autovalentes y protegiendo a los viejos frágiles o postrados”. El autor se incluye en los adultos mayores cuando dice que debemos reconocernos como tales. Un ejemplo muy claro de un adulto mayor independiente es el de Pedro Pablo Kuczynski, quien pretende la Presidencia de la República. Salvo mejor opinión.



