Es cierto que los grandes políticos se crecen ante las adversidades. Churchill forjó su leyenda desafiando a la bayoneta nazi. Roosevelt pasó a la historia vengando Pearl Harbor. Y Cáceres, militar y político de fuste, ganó su futura Presidencia trepando a los Andes y aferrándose al honor nacional. Hoy que el clan del puño en alto se acerca peligrosamente, Lourdes Flores tiene que inspirarse en estos personajes si pretende aplastar a sus enemigos. Porque Nilver y Susana no tendrán piedad con ella.

En su afán por destruir a Kouri, los estúpidos asesores de Lourdes han inventado a Susana Villarán. Con Kouri como rival, la elección estaba ganada. Era cuestión de tiempo, audacia y paciencia. Pero el odio visceral que Kouri despierta en el entorno lourdista pudo más. Mucho más. Sacrificando el sentido común, enterrando la gravedad política y entregándose a sus complejos miserables, los estúpidos asesores de Lourdes se afanaron en demoler al candidato que los iba a conducir a la victoria. Destruyeron a un cadáver para construir un Frankenstein. Y hoy, la hidra progresista amenaza con tomar la capital y convertirla en un feudo de Patria Roja y el SUTEP.

Lourdes no se merece una final de infarto. Es la mujer más honesta y preparada de la política peruana, la persona clave en la refundación del centro-derecha, la líder que logró aglutinar la opción de progreso que tanto necesita este país. Sin embargo, le irá mejor, mucho mejor, si se fía de sus instintos y cesa de escuchar al coro de ilustres medianías que confunden campaña electoral con ajuste de cuentas. Lourdes tiene estupendos técnicos, pero carece de políticos. Lo contrario sucede con la Villarán. Salvo dos o tres luminarias tercermundistas, su equipo está plagado de operadores expertos en agitprop y comunistas ochenteros amantes de la organización vertical. Son éstos los sedicentes progresistas que amenazan con trasladarnos a la nueva era del frejol. El Camelot que invocan no era, ni por asomo, el mundo perfecto que pretenden vender. Muy por el contrario, la era dorada de Barrantes fue tan exitosa para la izquierda como nociva para los limeños. Lima era un soberano caos, los programas sociales, un bluff clientelista, y la utopía comunitaria pronto devino en anarquía y corrupción.

Para ganar con holgura, Lourdes ha de abandonar el estoicismo electoral. Y apostar por ella misma, no por sus asesores. Pudo ser una gran presidenta del Perú y está capacitada para convertirse en una alcaldesa histórica. Todo pasa por abandonar el viejo principio panglossiano de que "siendo éste el mejor de los mundos posibles... todo problema tiene su correspondiente solución". Maldito inmovilismo. Urge pasar a la ofensiva. Hay que desterrar a los ayayeros y mostrar que es posible construir una Lima moderna, global, pujante y orgullosa. Hace falta coraje para ganar. Lourdes lo tiene, estoy seguro de ello.