Opinión

Luis Agois Banchero y su legado en el periodismo nacional

​Todos vamos a sentir profundamente la inminente partida de Empresa Periodística Nacional (Epensa), que produce los emblemáticos diarios CORREO (1962) y OJO (1968), de su presidente Luis Manuel Agois Banchero (LAB) y con él, la de su hijo, Luis Damián Agois Sánchez (LDA).

29 de Julio del 2018 - 11:44 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Todos vamos a sentir profundamente la inminente partida de Empresa Periodística Nacional (Epensa), que produce los emblemáticos diarios CORREO (1962) y OJO (1968), de su presidente Luis Manuel Agois Banchero (LAB) y con él, la de su hijo, Luis Damián Agois Sánchez (LDA). Luis Agois continuó imperturbable con el escrupuloso decurso de la empresa periodística que fundaron su padre, don Enrique Agois Paulsen (1922-2016) y su tío, el sentidamente desaparecido Luis Banchero Rossi (1929-1972). LAB no las tuvo fácil. Su apego al mundo periodístico le pasó la primera gran prueba de fuego cuando muy joven vivió el embate militar que confiscó los diarios en 1974, y que solo recuperarían en 1980 con el retorno de la democracia. Aprendió y con esa ganada madurez con los años reemplazó a don Enrique en las riendas de los diarios a los que sumaban ahora El Bocón y Ajá.

LAB se convirtió en un visionario del periodismo nacional, posicionando a los diarios entre los preferidos por los lectores a nivel nacional. Ha sido el primer empresario periodístico en lograr que todos los peruanos contemos con el suplemento del prestigioso diario The New York Times, que CORREO entrega gratuitamente todos los lunes. Su imparable imaginación a la que yacía pegado Francisco Flores, su entrañable y principal asesor, le llevó a explorar otros ámbitos de la acción comunicativa, lanzando el exitoso matutino “Los desayunos de Correo y USIL”, convirtiéndose en pionero en el Perú en ofrecer televisión por las redes sociales para todos los peruanos. LAB ha hecho lo que nadie en tantos años de vida republicana, al dejar para Epensa el Estatuto de Redacción, valiosa pieza escrita que garantiza la libertad y el genio creador del hombre de prensa, en el marco de un ejercicio del periodismo decente y transparente. Junto a él, su hijo Luis Damián, que todo lo aprendió del padre, sumando su cuota personal de gestor eficiente e innato promotor de convergencias. Padre e hijo, miembros de una familia honorable, decente, sencilla y sin estridencias, de la que doy fe desde niño, que la conocí. A LAB, el país debe reconocerlo pues, con creces, ha contribuido patrióticamente por el Bicentenario. 

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