Lamentable que luego de 15 años del fin de los tiempos en que Vladimiro Montesinos hizo lo que le dio la gana con la institucionalidad de las Fuerzas Armadas y en especial del Ejército, hoy, en un gobierno democrático, estemos pasando por una situación muy similar, en que cuatro generales de brigada de la promoción del presidente Ollanta Humala han sido promovidos, sospechosamente y de un solo porrazo, a generales de división, la máxima jerarquía dentro de la carrera de las armas.

Cabría preguntarse cuál es la necesitad y la premura del Jefe del Estado por contar con cuatro generales de esa jerarquía cuando aún no les corresponde. ¿Por qué ha tenido que sacar de carrera a varios militares de impecables pergaminos para poner a sus “promocionales” de entera confianza? Montesinos colocó en puestos claves a sus amigotes a fin de asegurar la reelección de Alberto Fujimori y, finalmente, para cubrir su escape en el velero “Karisma”.

Dudo que el presidente Humala tenga en mente alterar el orden constitucional ante la andanada de denuncias que lo agobian a él y a su esposa. Eso ni pensar. No duraría ni 24 horas, y él, sus generales y los ayayeros que lo apoyen acabarían presos siendo, además, el hazmerreír del mundo entero. Con esa posibilidad descartada, ¿qué busca Humala? ¿Meter miedo a los fiscales y jueces que tienen a cargo los procesos que quitan el sueño a la llamada “pareja presidencial”?

De hecho hay algo detrás. Habría que ver si alguien se cree la historia que ha salido a contar el ministro de Defensa, Jakke Valakivi, en el sentido de que todo está en orden y que no hay nada irregular. Recordemos que lo mismo dijeron sobre el espionaje de la DINI y al final cayó la entonces premier Ana Jara. Igual fue con las agendas que dijeron que no eran suyas, pero más tarde hicieron una denuncia por robo; y con Martín Belaunde Lossio, al que juraban no ver desde 2006, lo cual era falso.

Es una lástima que se hayan manoseado los ascensos del Ejército como en tiempos de Montesinos, pero más triste es que nos quieran ver la cara de ingenuos. El presidente Humala -y no su titubeante ministro de Defensa- debería salir a dar una explicación coherente a esta situación irregular que se presta a muchas dudas por darse a finales de un gobierno que, definitivamente, tendrá un final turbulento en medio de tanta denuncia. ¿O es que los generales amigos serán usados para que cubran la salida?