José Manuel de los Reyes González de Prada y Ulloa es el nombre completo de quién alguna vez dijo José C. Mariátegui, fue el único instante lúcido del Perú. El 5 de enero se cumplieron 167 años de su natalicio, y me temo que cada día más, menos peruanos saben sobre él. Quienes hemos tenido oportunidad de leer sus obras, palpamos con certeza, que muy poco, en el ámbito político y quizá también social, ha cambiado en nuestra vida republicana.
De Gonzales Prada lo más conocido será, sin lugar a dudas, su frase: "Viejos a la tumba y jóvenes a la acción", frase inspirada en su marcada frustración por la derrota del Pacífico y que buscaba motivar a la juventud de entonces a recuperar lo que, según él, el viejo no supo defender con las armas. Es en estas circunstancias que Gonzales Prada fundó un partido cuyo nombre fue La Unión Nacional.
Lamentablemente dicho partido no tuvo mayores éxitos, pero sin duda arrastró destacados adeptos, entre ellos, el símbolo aprista, Victor Raúl Haya de La Torre, quién fue declarado admirador de Gonzales Prada, que incluso lo llevó a cargar su ataúd cuando éste falleció, pero eso es otra historia.
En nuestro país, me atrevo a decir, que jamás han existido verdaderos partidos políticos, sino como diría Gonzales Prada lo que han existido siempre son los clubes eleccionarios o sociedades mercantiles con fachada de partido.
Todas las elecciones hay viejos políticos con nombres nuevos. Los movimientos políticos en épocas de elecciones florecen como grillos en tiempos de lluvia. ¿Cuántos de los que participaron en la campaña pasada existe aún?
Lamentablemente el tiempo muchas veces ha demostrado que el objeto social de muchos de los participantes no es ganar las elecciones para producir un verdadero cambio social en la sociedad que los eligió, sino en producir su verdadero cambio patrimonial gracias a la sociedad que los eligió.
Definitivamente, en más de una ocasión, lo que caracteriza a nuestras agrupaciones políticas, no es una visión de país, no es una unión basada en ideas e ideales comunes, sino una visión mezquina y egoísta de su propio futuro personal.
Lo dicho arriba se evidencia en el hecho que en el Perú, es claro, que jamás votamos por programas o partidos, sino por caras. No se votó por cambio 90, sino por un chinito subido en un tractor, no se votó por Perú Posible, sino por un cholo que gritaba carajo en cada mitin. No se votó por el Apra, sino por un loco que habla florido.
Para la existencia continua de la democracia peruana y la no proliferación de grupos políticos, sólo hay un único camino: La educación de nuestra sociedad. Una nación sin educación es una democracia con bases de barro. Una sociedad que se precie de civilizada no produciría cientos de movimientos políticos en cada elección. En una sociedad verdaderamente civilizada existirían unos cuantos Partidos Políticos con programas e ideas bien cimentadas y claramente diferenciadas de nuestra visión de país.

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