Dadas las fiestas que generalmente se arman por Año Nuevo, con bailongo, trambuchada y trago hasta las últimas consecuencias, el rock resulta el género musical menos tocado por los DJ o por las orquestas ad hoc, y sí más bien ponen otros más bailables como el merengue, la salsa, el reggaetón y... la cumbia. Este último género en particular está teniendo una presencia en radios y en tonos como nunca antes, sobre todo en la "high" -hoy dizque nivel socioeconómico A/B-, como se decía antes. Incluso una de sus bandas más representativas ha aparecido en revista fifí con ternos bien a la percha, y una cadena de supermercados está vendiendo cualquier cantidad de CD cumbiamberos compilatorios a precio huevo. ¿Tuvieron que ocurrir las trágicas muertes de los integrantes de Néctar y de La Muñequita Sally para que se abra la cancha y se venzan esas brechas sociales? ¿Cómo así un género usualmente mirado por sobre el hombro por los de arriba y tenido por pacharaco ahora resulta ser el más chévere?
En otros géneros como el punk, a los grupos de procedencia residencial los bajonean como "pitupunks" (pitucos + punks). Pero este no parece ser el caso de los combos de cumbia, y menos aún el de BARETO, uno de sus más entusiastas propulsores, y que incluso ha tocado en Palacio de Gobierno apoyando la Teletón. Y es que la cumbia peruana -porque hay colombiana, mexicana, etc., sin contar que aquí hay las variantes regionales costeña, andina y amazónica- tiene unas particularidades que la distinguen de las demás, como el uso de instrumentos normalmente asociados al rock como la guitarra eléctrica, la batería y el órgano; eso es lo que justamente BARETO está reivindicando, de la selva su ritmo y de otras variantes ejecutadas por grupos que siempre estuvieron ahí, en el gusto del populórum, con sus afiches multicolores chillones publicitando sus presentaciones. Sólo que esta vez se ha conquistado un mercado impensable. En buena hora.
Full éxitos para ustedes en este 2009. ¡Salud!

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