Opinión

​No amenazar

No estamos jugando al póker, necesitamos estabilidad para enfrentar un vendaval que mueve sistemáticamente el piso

04 de Marzo del 2017 - 07:55 María del Pilar Tello

No amenazar cuando hay debilidad es básico en la política y en la guerra. No estamos jugando al póker, necesitamos estabilidad para enfrentar un vendaval que mueve sistemáticamente el piso. La cuestión de confianza podría desestabilizar al equipo de Gobierno y al Gobierno mismo. PPK no puede darse el lujo de escuchar a quienes quieren llegar a extremos y tensar la cuerda. Sobre todo por su fragilidad, su tendencia a la baja y la necesidad de cambiar su equipo ministerial políticamente poco solvente. Patear el tablero no es la forma ni indignarse sirve para proteger a su primer vicepresidente, al que no debió exponer como ministro al desgaste consecuente. No está manejando asuntos personales sino de Estado, que interesan a todo el país. Chinchero tiene serios problemas, pero no hay que complicar la situación más de lo que ya está. La ciudadanía está harta y deprimida por la corrupción que alcanza alturas inimaginables. Tocar a Martín Vizcarra es políticamente complejo y lo saben Gobierno y oposición. La confianza y la censura son armas extremas que el buen juicio indica no utilizar. A Vizcarra hay que preservarlo como el reemplazo constitucional del gobernante, que es y debe seguir siendo ante cualquier turbulencia. Ello no quita que deba dar explicaciones de los problemas de la adenda suscrita que van desde el lobby orquestado bajo presión hasta las observaciones de la Contraloría, que han generado el bloqueo de los pagos. Sin descuidar los intereses de la hermana del Premier y la factibilidad técnica que falla al punto de que el mismo consorcio favorecido admita que le falta solvencia para construir.

La peor reacción es la pataleta. El Gobierno debe superar la torpeza inicial y dar las explicaciones técnicas que el país espera. Y que quede ahí. El Congreso sabe que si insiste en tumbarse ministros puede ser disuelto. No es necesario dar ni recibir recordatorios, menos ahora.

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