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Cada cinco años los peruanos elegimos, proclamamos y juramentamos nuevo presidente, y desde tiempo atrás tenemos la esperanza de tener un mejor mandatario que conduzca a la Nación hacia el bienestar general, que consolide nuestro porvenir y que saque a parte de nuestros compatriotas de la pobreza injusta en la que viven.

Históricamente siempre hemos abrigado la esperanza de lograr nuestro bienestar y prosperidad a través de un buen gobierno y sobre todo un buen presidente; luego de la independencia de España, confiamos en muchos líderes civiles y militares, quienes ofrecían sacar adelante al país y lo único que hicieron fue enriquecerse y dilapidar los fondos del erario nacional en guerras, rebeliones y golpes de Estado de manera irresponsable y desordenada.

Desde 1968 hasta la fecha se producen apariciones de líderes como el “chino” Velasco, luego el arquitecto Belaunde, el joven aprista Alan García, el “japonés” Fujimori con su Cambio 90, a continuación el autodenominado “Pachacútec” Alejandro Toledo, nuevamente Alan García y finalmente un militar como Ollanta Humala, quienes ofrecieron el oro y el moro durante sus campañas y solo constituyeron gobiernos que defraudaron sucesivamente, algunos más, otros menos, al pueblo y sus esperanzas.

Las promesas incumplidas a lo largo de la historia nos han desilusionado hasta ahora, pero este 28 de julio tenemos esperanza en que el nuevo presidente Kuczynski cumpla todo lo ofrecido, demuestre su sabiduría y experiencia, ejecute su plan de gobierno, escoja a los mejores hombres y mujeres que lo secunden, demuestre honestidad en todos sus actos y no nos defraude otra vez.