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El martes último, el Jurado Nacional de Elecciones entregó la credencial al próximo presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quien juramentará el 28 de julio. Es a partir de esta fecha que tendrá que demostrar y cumplir sin pausa con todas sus promesas electorales y el plan de gobierno presentado durante la campaña.

El pueblo peruano acostumbra dar un periodo de “luna de miel” a los gobernantes para que se acomoden en la silla y completen los equipos, debido al escaso tiempo contado entre el término de las elecciones y la juramentación. Normalmente es de un primer semestre, luego del cual comienza la exigencia del cumplimiento de lo prometido, y si no encuentran respuestas, empiezan a salir los “conflictos sociales” azuzados por los dirigentes más radicales, quienes ya están pensando en las elecciones del 2018. No les interesa el país. Es momento de surgir liderando los “justos reclamos” a la vista de todos los peruanos. Los “justos reclamos” se basarán en la defensa del medio ambiente, la pobreza, la desigualdad, el imperialismo, el reclamo de más asistencialismo y otros.

Por supuesto que los abanderados serán los protagonistas de los futuros procesos electorales. Es hora de “marcar la cancha”, de la aparición de “falsos profetas”, usualmente nuevos líderes de nuevos y antiguos partidos.

Las expectativas que genera un nuevo gobierno deberían estar relacionadas con el deber ciudadano de apoyar, ser tolerantes, pacientes y otorgarle el beneficio de la duda, y no como lo sucedido con gestiones anteriores.