Ayer, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamó los resultados de la Elección de Senadores, Diputados y Parlamentarios Andinos y con eso ya queda claro quiénes serán los peruanos que representarán a la ciudadanía en el próximo quinquenio.
Y vaya que tendrán una tarea mayúscula. Lo polarizado de la elección presidencial demuestra que el país está partido en dos y los distintos estamentos parlamentarios no pueden continuar con esa división. En un mundo ideal, los diputados y senadores electos deberían trabajar de la mano, llegar a consensos y buscar el bien común por en encima de su agenda política propia.
Parece que pedimos mucho y más viendo cómo se ha manejado el legislativo que termina funciones el próximo 26 de julio. Usó su poder para blindar intereses, torcer investigaciones y usó su mandato constitucional para erigirse en una organización que no puede ser fiscalizada y se mueve por fuera de los límites que le impuso la ley.
El nuevo Congreso, al igual que el nuevo Ejecutivo, trae expectativas que deben ser honradas. El voto que los llevó a ocupar un escaño no puede ser menospreciado por mero cálculo político.
Ojalá los flamantes legisladores estén a la altura del encargo. Tendremos cinco años para ver si cumplen con sus electores.