Desde 1990 se le advirtió a Alberto Fujimori de la presencia perniciosa de Vladimiro Montesinos en los aparatos de Inteligencia y en las FF.AA. Pero el Presidente no solo desoyó estos consejos, sino que empoderó aun más al “Doc”, al punto en que este construyó un poder paralelo e incluso diez años después terminaron delinquiendo juntos, causando enormes perjuicios al Estado.

Guardando las enormes, siderales distancias, a Ollanta Humala también se le advirtió de los riesgos que generaría darle poderes omnímodos en el Gobierno a su esposa y principal consejera. Humala no solo ignoró las lecciones de la historia reciente, sino que desoyó las advertencias y combatió a quienes, desde el Ejecutivo, se resistían a los designios de Nadine Heredia, como fue el caso de los ex primeros ministros Óscar Valdés y César Villanueva. Y esa falta de perspicacia política -el afán de figurar y dejar constancia mediática de que era ella quien también mandaba, junto al Presidente (pese a que nadie la eligiera a ella para esto)- es la que desde hace más de un año le pasa una abultada factura a Humala y sus ministros.

Aquí lo advertimos en febrero de 2014, cuando Nadine y el titular de Economía forzaron de mala manera la caída de Villanueva. Desde entonces, para Nadine y su cónyuge todo ha sido “cuesta abajo en la rodada”: desaprobación ciudadana, denuncias de corrupción y pérdida de apoyo político se han multiplicado al máximo. Y, si se confirma la noticia, ¡hasta la vicepresidenta Marisol Espinoza abandona el barco partidario! Una situación que pudo evitarse si la bancada y sus principales figuras no hubieran sido maltratadas con la punta del zapato Ferragamo, tal como le gustaba hacer y evidenciar a la presidenta (del partido) en el colmo de la soberbia.

Qué fiasco de gestión. ¡Y aún faltan nueve meses! Esperemos que la oposición, la misma que despojó con facilidad al Partido Nacionalista del control del Congreso, tenga la serenidad de permitir que este presidente y lo que queda de su partido culminen su administración sin sobresaltos. Se le dijo, se le advirtió, pero como decían las abuelas: “Quien siembra vientos...”.

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