El presidente José Jerí se ha ganado a pulso la posibilidad de ser echado por la puerta falsa de Palacio de Gobierno por el llamado “Chifagate”, que también ha traído reuniones en la sede del Poder Ejecutivo con un personaje que se encontraba bajo arresto domiciliario, y débiles y confusas justificaciones tanto del propio mandatario –incluyendo un mensaje elaborado en horas de la madrugada–, como de su premier Ernesto Álvarez, las que a su vez podrían generar líos diplomáticos con China.

Eso está muy claro, tan claro como el oportunismo electorero que ha mostrado ayer Alianza para el Progreso (APP), el partido de César Acuña, que ha salido públicamente a pedir la renuncia de Jerí por este escándalo, cuando en el pasado reciente dicha agrupación y su propietario blindaron con el mayor descaro a Pedro Castillo y a Dina Boluarte, todo en nombre de la “gobernabilidad” que hoy parecen haber olvidado, quizá con la esperanza de cazar algunos votos.

APP y Acuña han sido escuderos de Castillo a más no poder. Ni las putrefactas reuniones de Sarratea ni las gravísimas acusaciones de corrupción contra el profesor fueron suficientes para que pidan su salida. Se cargaban al país en peso y los fajos de dólares aparecían en los baños de Palacio de Gobierno, pero para quien se hizo famoso por la frase “plata como cancha”, nada de esto no era motivo para que el entonces mandatario sea enviado a su casa y luego a la cárcel.

La misma postura tuvieron con Boluarte. Salían las cirugías y sus mentiras, el escándalo de los Rolex “prestados” por Wilfredo Oscorima y las andanzas del hermanísimo Nicanor, pero para Acuña y su gente no pasaba nada, siempre en nombre de la “gobernabilidad”. ¿Qué cambió ahora?, ¿por qué piden, ahora sí, la cabeza de Jerí? Porque el dueño de APP es candidato presidencial y quiere aparecer ante los electores como implacable ante los que no caminan derecho, como político inmaculado que no se casa con la corrupción.

El oportunismo es evidente, hasta grosero. A Acuña solo le interesan los votos de los incautos que podrían respaldarlo a pesar de sus clamorosos fracasos como alcalde de Trujillo y gobernador de La Libertad, la región más violenta del país que ha sido tomada por la extorsión y la minería ilegal, todo mientras el hombre se tomaba licencias y vacaciones para viajes de placer. Ese faceta de “fiscalizador” es una farsa, apenas una pose con cálculo electoral.