Opinión

Otro golpe al corazón

COLUMNA: JOHNNY PADILLA

29 de Septiembre del 2019 - 07:34 Johnny Padilla

Le decían el Príncipe porque dentro de esa realeza de cantores que solo presumen de la grandeza de su voz no había otro como él, llevaba en la sangre la nobleza que lo hacía diferente, había nacido para triunfar y ante el destino no hay vuelta que darle. José José, el de la voz inmensa, el que llegaba más rápido al corazón que otros, el de las luces, pero también el de las sombras, ha muerto. Callan los enamorados, los melancólicos, aquellos que viven de la nostalgia, del desamor; callemos todos porque el Príncipe calló para siempre. 

Aunque el silencio para el ídolo llegó antes de tiempo y quizá fue el golpe más duro que el cáncer al páncreas que padecía. Quedarse sin voz, sufrir cada vez que subía al escenario y sentir que no era el de antes, admitir su derrota antes de tiempo fue minando al ídolo. Lo dejó vulnerable, frágil, con la actitud del niño indefenso que necesita ser querido. Así lo vimos por última vez cuando llegó a Lima para cantar como invitado del concierto de Jimmy Santi, su compadre. 

El mexicano salió al escenario dispuesto a darle al respetable lo que quería, su repertorio de éxitos. El público al verlo no escatimó aplausos, el Príncipe estaba de vuelta y él sonreía como en sus buenos tiempos, hasta que empezó a cantar las primeras estrofas de uno de sus temas más entrañabales. A pesar del esfuerzo, de las ganas y de la sonrisa nerviosa, la voz le salía como un suspiro. Todos sufrían con él, pero nadie se atrevía a incomodarlo, cada vez que esa voz ronca y casi silenciosa que lo acompañaba daba paso a segundos de lucidez, todos estallaban en aplausos. 

Él se merecía todo, el cariño, el reconocimiento, él ya lo había dado todo. José Sosa, el hijo del cantante de ópera y la cantante de zarzuela, tuvo una vida que ni todas las canciones que interpretó podían reflejarla. Tres matrimonios, excesos confesados y de los otros, la lucha por combatir sus adicciones, el éxito que nunca imaginó. Ni las más sentidas de las canciones que interpretaba estuvo a la altura de lo que pasó en la vida real. 

Sin embargo, y a pesar de la fama y de los que muchas veces se dejan llevar por los cantos de sirena, el mexicano de cuna humilde siempre tuvo bien puestos los pies sobre la tierra, algo que siempre hay que tomar en cuenta. Con la partida de José José, en medio de un conflicto entre sus hijos que será carne para los leones que buscan lucrar con el escándalo, se van despidiendo aquellas voces que creíamos inmortales, eternas, esas que pensábamos que siempre iban a estar allí para aliviar esas penas que aparecen de vez en cuando y necesitan de canciones, pero no de cualquiera. 

El gran Camilo Sesto hace algunas semanas, hoy José Sosa, los dedos de la mano para contar a los imprescindibles del corazón nos empiezan a sobrar. "Porque el corazón de darse llega un día que se parte, el amor acaba", "Y es verdad soy un payaso, pero qué le voy a hacer, uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser" o " El que ama no puede pensar, todo lo da, todo lo da. El que quiere pretende olvidar y nunca llorar y nunca llorar". Que vengan esas canciones que te recuerdan algo, que no escapan a la nostalgia, a un momento de la vida. Allí seguirá José José para lo que se le pida, cantarnos al oído para reafirmarnos que sigue más vivo que nunca mientras lo recordemos a viva voz y con una sonrisa para espantar a la tristeza.

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