Son demasiado niños, por lo que no saben que para los candidatos, en la carrera electoral todo vale y que si el papá Noel es un personaje popular entre los niños, por qué no aprovecharse del barrigoncito de barba blanca, de traje rojo y de risa estruendosa, para ganarse el voto de los padres. Si los niños lo supieran le escribirían un memorial a papá Noel pidiéndole que los denuncie por suplantarlo.

Son niños de pensamientos sanos por lo que no pueden explicarse el por qué cada cierto tiempo se aparecen por sus pueblos determinados personajes que, acompañados por ayayeros sin mirar caras, ni color, distribuyen regalos a diestra y siniestra.

El grupo de ayayeros luce polos con un estampado de la cara del que funge de papá Noel. Los impresiona que días antes de la noche buena lleguen varios personajes como caídos de los cielos, para alegrarles la vida aunque sea por un momento. Y los mayores no se atreven a explicar que esa navidad coincide con la víspera del año electoral.

Son niños en busca de amigos y no pueden cuestionarse el por qué el personaje los abraza, los llena de caricias y una señora que va con él para todos los lados, les regala caramelos y les promete que de ganar su esposo la alcaldía todas las navidades serán inolvidables. No saben los niños que para que el esposo de la señora llegue a ser alcalde debe acumular una buena cantidad de votos.

Son niños sin malicia y están de espaldas a las intrigas como para preguntar de cómo así se le ablandó el corazón al personaje y se acordó que los niños necesitan de regalos para alegrarse. Como niños reciben los regalos y dan rienda suelta al juego, lo que viene adherido al regalo, o lo que pretende a cambio de la entrega del regalo es un asunto de mayores, que para los niños no les viene al caso.

Son niños de cara a la vida y su mente se ocupa en asuntos más importantes, por ello no tienen tiempo para averiguar si el dinero con el que compraron los regalos que hoy los alegran, fueron comprados con dineros venidos de una buena fuente. O a lo mejor ya comprometió por adelantado una docena de obras y podemos asegurar que serán mal hechas.

Son niños llenos de inocencia, que no saben del color con la que se cubre la corrupción y del olor que deja a su paso, por ello los niños no la distinguen, tampoco tienen los medios para escarbar en el pasado del personaje. Si tuvieran la capacidad para distinguirla no recibirían el regalo, menos se dejarían abrazar de quien lo hace para la foto.

Son niños alejados del cálculo político por lo que no intuyen que al recibir el regalo están recibiendo la cuota inicial de lo que se supone vale el voto de su padre, de su madre, de sus hermanos mayores. Son tan niños y por ignorar el juego de los personajes, permiten que "el candidato, suplantando al papá Noel" pretenda comprometer el voto de los suyos. Pero que va, la vergüenza hace tiempo que nos abandonó y los mayores llevan a los niños a la plaza para que reciban el regalo de los papá Noel candidatos.

Por favor señores candidatos, no utilicen a los niños y organicen bien las entregas de los regalos para evitar accidentes. A la distancia debo confesar que pese a la pobreza de la familia, fuimos niños afortunados, el papá Noel que llegaba a casa, era mi hermano Manuel y el viejo nunca fue candidato.

P.D. Según las normas legales del Perú, la suplantación es un delito.

No sé, si van a la cárcel.