Opinión

​Parte de campaña...

Acuña aguarda a que el descrédito de sus adversarios le abra un espacio para colarse en el balotaje

24 de Octubre del 2015 - 07:53 Pedro Tenorio

Un vistazo a cómo se asoman los principales candidatos presidenciales a seis meses de la elección:

KEIKO FUJIMORI.- Disfrutando las mieles de su cómodo primer lugar en las encuestas, pero preocupada en definir quiénes serán los voceros y compañeros de ruta (candidatos e invitados en su lista) para el tramo definitivo de la contienda. Su 35% robustece su poder de veto. ¿Qué tanto “nuevo fujimorismo” serán capaces de soportar los más leales? He ahí el reto. La procesión va por dentro.

PEDRO PABLO KUCZYNSKI.- Mantiene un lugar expectante, pero no por eso deja de preocupar cómo y cuándo convendrá romper la “monotonía” de los 17 puntos en que se encuentra estacionado desde hace meses. Dedicado a definir equipos, voceros y la adhesión de figuras conocidas que fortalezcan sus flancos ahora que no habrá Acuñas, Lays ni pepecistas, y dado que gran parte de la batalla será en los medios.

ALAN GARCÍA.- Trata de imponer sus pullas a la pareja presidencial y el recuento de obras durante su último mandato por encima de “narcoindultos” y demás acusaciones que lo afectan. Ya lanzado por el APRA, propone una minería con beneficios económicos directos para las comunidades (¿un “perro del hortelano domesticado”?). La aplanadora del partido pronto entrará en acción con PPK en la mira.

CÉSAR ACUÑA.- La pesadilla del aprismo en su otrora “sólido norte” desembarca en la campaña desplazando a Toledo y apuntando a García. Desconocido para la mayoría, pero con todas las mañas del cacique regional (”¡plata como cancha!”), no la tiene fácil. Acuña aguarda a que el descrédito de sus adversarios le abra un espacio para colarse en el balotaje. Hoy carece de operadores, pero estos llegarán sin duda.

ALEJANDRO TOLEDO.- No ha pasado de algunas propuestas populistas (”¡internet gratis!”) y actitudes que molestan a la platea. Solo una minoría toma en serio su candidatura. De seguir así -sin nada novedoso que ofrecer y reciclando rostros del pasado-, imposible levantar cabeza.

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