La palabra ?burócrata- no es un insulto como algunos piensan, es un término que según la Real Academia de la Lengua española significa funcionario, empleado u oficinista de un aparato estatal cualquiera. Definitivamente una distinción digna para quienes cumplen a cabalidad funciones signadas por un sistema gubernamental ante la dedicación, honradez, desempeño positivo y dignificación del significado de la palabra ?trabajo- a lo largo de muchos años, a todos ellos nuestro respeto y admiración (están exceptuados de la otra tipología de burócratas).
En el perfil del burócrata polarizado de modo negativo están quienes creen que los años trabajados en algún sector estatal ?les da derecho a "carrera"- olvidando que solo un título profesional suele reflejar. Están también quienes se creen "dueños" absolutos de sus puestos laborales, quienes al ser nombrados creen haber alcanzado el cielo ante sus aspiraciones por lo que comúnmente dejan esfuerzos de estudios superiores, capacitaciones constantes y especializaciones afines a cada responsabilidad laboral. Son quienes practican cotidianamente el arte negativo de la soberbia, el egoísmo y la mediocridad amparados en leyes retrógradas y obsoletas en pleno siglo de la reingeniería organizacional.
El perfil del burócrata apunta a quienes practican el conformismo laboral en donde solo se vociferan lemas alusivos al reclamo y jamás al derecho de los demás o de la misma institución que los cobija, normalmente utilizan muy bien a los sindicatos sin verse jamás en el espejo de la autocrítica; suelen ser expertos pidiendo cambios sólo en el tema de sueldos y mejoras egocéntricas, casi nunca lo hacen a nivel de mejora de actitud y de solvencias del conocimiento, el burócrata perfecto aprendió a ser experto en aparentar trabajar calentando el sillón, cuando lo único que busca es lograr "horas extras" en beneficio propio.El burócrata perfecto suele alabar y adular al jefe de turno, pero cuando éste deja de darle o satisfacer sus "pedidos" entonces se convierte en un puñal afilado, éstos "trabajadores" comúnmente convierten el valor inconmensurable y digno del sindicalismo en una suerte de "dictadura sindical", juran que la institución estatal les pertenece y pueden hacer con ésta lo que les viene en gana. El burócrata perfecto es aquel que gusta del chisme y del tiempo matado en una oficina, es el típico trabajador que detesta la competitividad, los cambios organizacionales, las evaluaciones y casi siempre "sufre" al ver gente más preparada.
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