Viví mi dulce e inquieta infancia frente al mercado de la avenida Bolognesi. Bella construcción de piedra de cantería, lugar de paseo dominical para los tacneños, limpio y acogedor, que pereció envuelto en llamas una tarde de primavera.
El mercado tenía su propia personalidad. "Las caseras"; las floristas; el dulce refresco de los raspadilleros; los mercachifles; el anciano Rospigliosi, a quien yo confundía con don Quijote, el caballero de la Mancha, de larga figura y cabellera cana, vendiendo increíbles mercaderías, todo ello perfumado por el olor de los frutos del pródigo huerto tacneño.
Siempre tuve especial predilección por los personajes marginados, pero populares. Por aquellos que desarrollan una vida natural, sencilla. Recuerdo ahora a Timoleón, al Gavilán Pollero, a Jalisco y a Juanito. No nombro a mi amigo Cámac porque fue motivo de una crónica aparte que se me ha perdido en el tiempo, pero no en el corazón de la memoria.
Los cuatro, ganados por el alcohol puro, eran personajes muy conocidos, especialmente por los muchachos de mi época. Hablo de la década de los años 50.
Timoleón y el Gavilán Pollero, además de su fuerza física, se ayudaban con una carretilla. Timoleón, que no se cuál sería el motivo de su apodo, que recordaba al general corintio que no tuvo en reparo en ordenar matar a su hermano, Timófanes, por haber usurpado el poder, era altanero y, a veces, hasta grosero.
El Gavilán Pollero, gordito y bajo, adornaba su carretilla en los carnavales con flores y recortes de revistas y él mismo lucía sombrero de anchas alas. Eran los tiempos en los que el cine mexicano estaba en su esplendor. Una ranchera de Pedro Infante hacía alusión a los amores de uno al que el gavilán pollero le había levantado su pollita.
Jalisco, indio grueso, de anchas espaldas, caminaba balanceándose y vociferaba en aymara. Llevaba un infaltable sombrero negro, de viejo paño. Decía muy pocas palabras en castellano. Entre ellas, le escuchábamos llamar cariñosamente "papá" o "mamá" a los transeúntes que reconocía. Cuando los muchachos lo fastidiaban hacía uso de la soga que le servía para amarrar la pesada carga que llevaba en las espaldas. Era el típico "canchero", que así era como llamábamos en Tacna a aquellos que se dedicaban a cargar toda clase de bultos.
Los tres desaparecieron con los años. He preguntado por ellos y muy pocos se aventuran un juicio por el destino de estas tres vidas que eran parte cotidiana del paisaje del mercado. Alguna vez alguien me contó que Timoleón se había quedado dormido debajo de un camión frutero y que el chofer, sin reparar en su presencia, encendió la máquina y lo aplastó, con las gruesas llantas traseras del vehículo.
A tan simpático cuarteto sobrevivió Juanito. Hacía encargos para determinadas personas que le brindaban comida, vivía en un sucucho, en un canchón, siempre cerca del mercado. Juanito solicitaba limosna a los parroquianos y siempre estaba ebrio. Desafiaba a la vida. Su presencia asustaba a los niños y a las mujeres, pero él es un alma de Dios. Incapaz de agredir, siempre estaba presto a sonreír cuando se le recuerda el carnaval y el gobierno de Prado. Algunas veces, sin ser carnaval, aparecía con el rostro enharinado. Al verlo me detenía, le entregaba alguna moneda, -como hogaño lo hago con el gordo "Tarzán"- puesto que me hacía recordar mi dulce infancia y le agradecía, con ese gesto, el haber colaborado a que mi imaginación se aguzara en los años cuando es preciso un buen cultivo.
Las ciudades, tienen sus propios personajes. Pero cuando crecen, cuando son ganadas por el progreso, que no perdona nada, el anonimato sella a los habitantes y la personalidad de la ciudad desaparece, se convierte en una más entre las ciudades que pueblan este inmenso mundo ancho y ajeno.

NOTA. Expreso mi público pesar por el deceso del cantante Rafael Matallana, "El Caballero de la Canción", para mi gusto uno de los más grandes solistas criollos. Artista discreto que, como lo dijo Alicia Maguiña, nunca gustó de ventilar públicamente sus asuntos privados. Tan discreto que pidió que sus exequias se realicen en privado.